Cuando pasas una gran temporada en un lugar ajeno al habitual, adoptas inconscientemente costumbres que en su momento te parecieron extrañas, pero con el correr del tiempo, se pasaron a formar parte de ti mismo.
A mí me pasó.
El llegar a Lima, luego de varios años años en Argentina, coincidió en una suerte de diversión-chocante para mí. Por supuesto, cada lugar tiene sus pros, sus contras, y esas cosas extravagantes que en sí los hacen únicos. Ahora ya en mi oriunda ciudad quise retomar por las astas a mi memoria, para recordar aquello que hace mucho no hacía: SUBIRME A UNA COMBI.
Para las personas desconocedoras de este medio de trasporte, adecuo un resumido y adelantado glosario para su mejor entendimiento.
Combi: vehículo de transporte de cuatro ruedas, con una capacidad para aproximadamente 15 personas cómodas, pero donde fácilmente pueden (con esfuerzo y noble prepotencia) introducirse hasta 60 en las condiciones más infrahumanas posibles. Sus asientos están anatómicamente diseñados para personas que no sobrepasen el metro veinte, o en su defecto, que sufran de alguna mutilación en las extremidades inferiores o tengan total dominio del contorsionismo (si a la salida de fábrica poseía 4 filas de asientos, la audacia peruana le agrego 3 más) Si tienes la suerte de sentarte al final, escucharás un solemne: "Atrás entran cinco!!", cosa imposible a menos que no sobrepases los 28 kilos, seas anoréxico o te encante sentarte de costadito. Está decorada por calcomanías multicolores y animadas casi siempre por la mejor cumbia del momento, coreada sin ton ni son por el cobrador y/o chofer de la misma.
Antes de subir a la máquina motorizada aquella, ansioso y emotivo por la oportunidad de “disfrutar” los placeres de los pintorescos viajes guardados en mi memoria, una voz me estalla en los tímpanos con un sonoro y nada armónico dialecto:
- "¡Habla..! ¿vas?"
El cobrador de la combi, muy a milímetros de mi rostro, esperaba mi respuesta.
“Habla, vas?” es una forma comprimida de decir: “Discúlpeme Usted Caballero, desea subirse a nuestro vehículo y mediante nuestro servicio poder llevarlo a su destino...?”. Pero estos animalitos del Señor lo expresan de aquella manera.
Hacía años que no me topaba con un cobrador... nada entrañable por cierto.
Hacía años que no me topaba con un cobrador... nada entrañable por cierto.
Requisitos para ser Cobrador de Combi:
-Tener una facilidad innata para la destrucción del idioma.
-Poseer cuerdas vocales dignas de un Tiranosaurio, y el arte suficiente para expulsar entre frase y frase, pequeñas gotillas de saliva que refrescarán tus días de verano.
-Declararse enemigo muy apasionado del jabón, shampoo y desodorante que “sólo usan las hembritas pe’ broder!”.
-Haber faltado por lo menos al 85 % de las clases de urbanidad y buenas costumbres.
-Saberse de memoria todas las cumbias del momento; asimismo, tener el talento para el baile a 90 km/h. y la facilidad para hablar por celular colgado de un pie.
-Tener un doctorado en Sociología para diferenciar a simple vista quién pagará medio pasaje, quién es bombero o policía, y a quien le puede cobrar el pasaje aumentado. Además, de poseer el don de la persuasión, y así convencer a los incautos pasajeros que el vehículo aún es un “carro vacío”.
-Conocerse los piropos de moda y las jergas del momento.
Más que obvio que ni subí.
Pero detrás, muy detrás, venía el vehículo aquel que amorosamente me trasladaría a mi buen destino. En este caso no era un cobrador aquella persona histéricamente gritona que nos informaba las rutas a seguir: era cobradora.
Los que estamos inmersos en los contratiempos del transporte peruano conocemos al detalle la marcada diferencia entre cobrador y cobradora; el cobrador te aturde, te hace odiar a su familia ascendente y descendente, te amarga el día y saca lo peor de ti; la cobradora te jode por purita pasión. Es como un talento, un don: estás con un pie en la combi y ya te está cobrando. Esta vez no fue la excepción.
- “Pasaje, pasaje caballero..!”
- ¿Me esperas un segundo a que introduzca el 70% de mi cuerpo faltante a tu vehículo?
- “Pasaje, pasaje caballero..!”
Al parecer se había aprendido la frase al detalle y la repetía constantemente para no olvidársela y a la vez, atormentar a mi calmado cerebro hasta ese entonces.
- “El pasaje esta 1.50 señor…”, incesante con ese odioso ruidito de monedas en su mano
- ¿Qué me vas a dar una copa de champagne?... el pasaje esta 1.20...
- “Ya subió el pasaje señor… 1.50 por favor” (con la mas puta terquedad)
- No te voy a pagar tus ganas tampoco….ah?
- “Por favor señor, le estoy hablando con modales… 1.50 el pasaje!”
Los cobradores coinciden que hablarte con modales es sinónimo que tienes que hacer lo que te pidan: si con modales te piden que te pares, por supuesto tienes que pararte; si con la mayor educación te cobran el doble de pasaje; le tienes que pagar aquello sin chistar: asimismo, si como la más envidiable cordialidad te informan que la ruta cambió inesperadamente, no hay problema, te bajas y caminas contento tus quince cuadritas calladito nomás.
Por supuesto que sólo le pagué 1.20 nuevos soles.
Claro que la situación no quedaría allí. Hay que tener claro que cuando “cagas” a un cobrador, este se vengará de ti si o si. O te deja una parada mas allá de donde bajas, te da de vuelto el billete mas asqueroso y lamentable que tiene o “se desinflará” cada vez que te vea (léase hacer este sonido con los dientes: “tsssss… tsssss…tssss!").
En este caso, me pido que me acomode lo mas al fondo posible.
- “! Apéguese señor… apéguese señor!”
- A... qué????
- “! Apéguese…!”
Días después había oído a otro cobrador decir “Aproxímese”. Forma complicada de decirnos que los que nos encontrábamos de pie, nos juntemos lo más posible, así podían meter más pasajeros al vehículo, cual sardinas en una lata.
- “! Apéguese pues señor… apéguese por favor!”
- Ya espérame un ratito que le pregunto a la señorita de al lado si me puedo subir a sus hombros ya?
- “Encima que no pagan su pasaje completo, protestan…!”
Tenía que salir lo peor de estos personajes: el darse el derecho de joderte la existencia si en su limitado pensamiento te están haciendo un favor. Y obvio, para ellos el trasladarnos es un gran favor que sacrificadamente nos hacen.
Bien apretaditos y en lo mejor de la hora punta limeña, cuando a todos se les ocurre salir del trabajo y tomar la misma combi que se le ocurrió a Pepe, en medio de los gritos de la cobradora indicando las calles por donde transitamos, el chofer nos regala una de aquellas maniobras donde frenar en seco es como un hobbie. Casi de inmediato, media sacada de mierda de los pasajeros amontonados y aplastaditos forzosamente por el impulso hacia la parte delantera, como en el mejor concierto de Slayer, y puteadas cariñosas desde nuestras acarameladas boquitas.
Ser chofer de combi es cosa seria.
Requisitos primordiales de un Chofer de Combi:
-Haberse ganado la licencia de conducir en una rifa.
-Tener en su haber como mínimo 25 infracciones de tránsito en los últimos seis meses.
-Haber practicado el arte de leer el diario, hablar por celular, cambiar de emisora, sonarse los mocos, fumarse un pucho y manejar a la vez.
-Un mínimo de dos años en talleres de actuación para ponerle la cara más dramática al policía que se atreva a detenerlo.
-Ser ganador de por lo menos un Dakkar.
-Ser coleccionista de peluches y demás accesorios (léase huevada y media) que harán de su combi una verdadera feria de variedades.
-Tener un concepto casi ínfimo sobre la urbanidad, buenas costumbres y el respeto por la existencia de cualquier ser vivo.
-Ser daltónico (forma sutil de decir que se hará el huevón cuando el semáforo cambie a rojo, verde o ámbar, pues para el siempre le dará lo mismo).
En el viaje en combi puedes estar con muchas ganas de llegar a tu casa, oficina, bar de la esquina o a ponerle flores a tu gato en el cementerio, ganas que de repente se ven adulteradas por esos individuos llamados “Dateros”.
Datero: dícese del informante que pasara el “dato” (como su nombre lo dice) de la congestión vehicular, de las intervenciones policiales, de cuantos pasajeros llevaba la competencia, a cuantos minutos esta de distancia, el color de la correa del cobrador anterior, el cambio del dólar y la subida de la bolsa, resultado de los partidos de fútbol, el horóscopo y pronóstico del tiempo; para que el hasta ese entonces despistado chofer, tome cartas en el asunto: sea acelerar o disminuir el paso, y así sortear los pormenores que les afrontarán. Utiliza códigos casi indescifrables dignos del mejor creador de anagramas, por ejemplo: “Cinco, ocho, dos… el lengua, camello y joroba: plantado”... (sólo Dios sabrá su significado).
Luego de oír la información de este peculiar personaje, a nuestro chofer se le ocurrió pasar de 130 km/h. a unos generosos 20 km/h.
- Ya pues broder!! Puedes pedalear un poco más rápido?
Casi de inmediato, me percato de la serie de calcomanías que siempre acompañan a una buena combi, con frases que te invitan a una budista paciencia como: “Apurados como tú van a la tumba”, “Si salió tarde no es culpa del chofer”; otras que te expresan los buenos deseos como: “Lo que me desees, que Dios te dé el doble”; el lado "sutilmente" cómico como: "La virginidad da cáncer, vacúnese!", y demás explicar la siempre cachacienta: “Aquí todo es chévere: la música, el chofer y el cobrador”.
Han pasado exactamente 35 minutos y ya estoy llegando a casa.
Vendedores de golosinas a “2 por 1 sol”, y cantautores de las canciones más horripilantes que un tímpano humano pudiese soportar intentan conmover tu corazón con el popular: "Póngase una mano en el pecho, la otra en el bolsillo... 20 centavos no lo va hacer pobre ni a mi rico", hicieron de este mi día, un lienzo multicolor.
Luego de todo este circo sin fin, por fin puedo sentarme, justo detrás del chofer.
Veo con extrañeza que el carro esta casi vacío de pasajeros para ese momento, por lo que la cobradora se apoya en el asiento al lado del bigotón conductor. Conversan y sonríen, seguramente cansados luego de su “arduo” día de trabajo. La combi para justo una parada antes de donde yo bajaré, y allí con el semáforo en verde frente a ellos como un sol de jade, estampan un silencioso beso con el romántico fondo musical de las bocinas incesantes de los autos allá atrás impacientes.
Mirando la escena, pienso de la manera más cariñosa y sonriente: “La pasión está en todos lados”. En un instante, aquello hizo calmar mis grandes ansias de convertirme en el primer asesino serial de combis del Perú.
Y casi al bajar, sin frenar del todo, la cobradora me exclama un: “Pie derecho!” (Dícese del acto mortal en el cual el pasajero debe sortear al viento y caer de pie antes de que la combi frene completamente).
Y en un segundo, mande su pasión a la mismísima mierda.

18 chiquillos locos comentaron:
Hey Pepe: Bienvenido a Lima, la ciudad con el peor transporte urbano de todo el mundo, y no exagero en decirlo. Lamentablemente el ser humano se acostumbra a todo, hasta de lo malo. Es por eso que tratar de cambiar este pavoroso servicio es practicamente imposible. Los mismos pasajeros contribuyen en su mayoria a que esto suceda: quedandose callados y sin hacer nada ante las prepotencias y malcriadeces del chofer y cobrador, reclamando velocidad para no llegar tarde y permitiendo viajar en las condiciones mas infrahumanas posibles. Ya te conté mi anecdota: "Javier contra toda una combi" la vez pasada, y desde ese día trato de ignorar lo mas que pueda estas situaciones. Eso si, pobre de estos cojudos si me encuentran un dia de mal humor, porque pagan pato. Lamentablemente la mayoria de veces que esto ha pasado, me tocan los cobradores mas buenitos y formalitos de todo el PERU, los que conforman el 0.05% de su totalidad. Mas piña no puedo ser, pero igual se joden. Que se va hacer.
Pepe,
un gusto leerte nuevamente.
Desafortundamente no creo que ustedes sean los únicos que tengan esa lindura de transporte público.
Habría que darse una vueltecita por la ciudad de México para ver como esas mismas combis y otras llamadas "peseras" con sus respectivos choferes y cobradores compiten por ser los que mejor tratan a los pasajeros como si fueran ganado (vacuno, bovino, porcino o cualquier otro).
De terror!
Jjajajjaja, qué placer leerte de nuevo, y lo que me he reído, ajjajajaja.Por Dios, yo le hubiese mandado a la mierda varios minutos antes, te lo aseguro.
Apéguese!!!!!!
Acá en Caracas te montas en un autobús o camioneta como le llaman, de esas que en el vidrio trasero tendrá una calcomanía gigante que dirá: "Mi traviesa Yubirizaidis" o "llegó tu amor" o "el rey de la calle", sorteas el vallenato o la salsa erótica que escucharás todo el camino, verás por la ventana que tiene el papel ahumado despegado por el sol y suerte que no te toque el asiento donde nadie quiere ir, el más incómodo por lo pequeño: esos que están justo arriba de las ruedas traseras.
Un abrazo, Pepe.
José Roberto Coppola
XD, ya me habia olvidado de todo eso, realmente ahora prefiero la tranquilidad de una buena provincia.
que bueno leerte de nuevo
besotes
jajajajajajajajajajajajajajaja
ajajajajajajaj
Muy bueno cosi, como siempre!!!
Otra! Otra! Otra!!!
volvió, volvió!!!!
Como le va PEPE???
Que problema el transporte público! Debe extrañar los malditos troles no? esas tortugas con las dos patitas de atras quebradas deben ser mejor que las combis.
Que Hijos e' puta el chofer y la cobradora... Diga que se dieron un beso, sino me iba hasta Lima y les pegaba un puntapie en los tobillos :P
besos alunares!
Bienvenido Pepe, qué alegría debes sentir al estar nuevamente con tus papás, hermano, sobrino, en fin, con toda tu familia que tanto quieres y te quieren. Me imagino también la alegría de ellos.
Me encanta leer tu blogg, te felicito por esa tu manera tan especial de hacerlo, a tí te gusta y a nosotros nos diviertes harto.
Cambiando el tema voy al grano. Tienes toda la razón en relación con el transporte en nuestro país, realmente es el colmo, me vas a decir a mí que todos los días tengo que movilizarme en estos atroces aparatitos. No sabes, no hay día que no discuta con esos ejemplares llamados chofer y cobrador, es una vergüenza que el público sea quien tiene que recordarles a éstos los derechos que tenemos, a las autoridades no les interesa nada la forma cómo tratan a los ususarios; deberían pasar por una etapa de capacitación y lograr una licencia para tratar con personas que pagan por un servicio.
Tenemos que crear conciencia ciudadana y quejarnos para ver si así podermos lograr un cambio.
Saludos.
uf el transporte público es terrible hace 16 años que lo uso.. así anecdotas tengo miles... me sente en un asiento meado, me cai de espalda en todo el pasillo, esas son las dos peorcitas q me acuerdo en este momento...
escuchaste semos los colectiveros o algo asi de les luthiers? e´tal cual!
si uno es pobre.. digo, si uno no tiene el suficiente dinero hay que buscarse amigos, trabajo, novios, parientes, todo todo mas cerca... q tanto!
ja
pepito espero andes bien y tengas un buen finde!
saludos
Muy bueno, Pepe...
Acabo de descubrir tu blog y me lo quedo, te agrego a mi lista de blogs y me hago un seguidor más.
Un abrazo, desde Madrid.
Gio.
No hay nada como el optimismo de un cobrador de combi, meté 17 donde sólo habían 12 asientos, aparte de otros 17 parados.
Si quien cobra es mujer, mejor no subo.
Y del incapaz Castañeda (vivísimo según el mismo "nadie se sa cuenta que estoy en campaña electoral hace 4 años") no se oye ni una sola palabra.
Oh Lima y sus "adorables" combis jajaja
gracias por la visita
Bsos de recién casada
Después de tu adorable descripción de esos micritos que parecen combis... ¿Qué recuerdos te vienen de nuestros amplios y soleados colectivos? Por fuera, por lo que muestran las fotos, parecen más coloridos... Los nuestros son aburridos desde el exterior. ¡Qué daría con escuchar un cantautor, aunque sea horrible, y no el taladro del vendedor ambulante!
El transporte público es el anticipo del infierno en la tierra, eso lo sabemos todos, pero la variedad cultural los hace más llevaderos. Por ahí, yo en Lima disfruto como loca de un paseito con el conductor destructor de modales e idioma y el datero (siempre preferible a la vieja que no te conoce y se te pone a hablar de enfermedades y clima).
Un beso desde el desierto.
perfectoo pepe!! asi me gusta leerte!
es verdad el tema ke kreo ke vos konoces komo estamos aka en argentina no ? precisamente mas en la capital federal.. me hiso acordar mucho aka !
bueno pepe me alegro ke tes de vuelta alla
te mando un par de abrazos!!
byebye
koko
Pi! Bienvenido!
A pelearse con las combis nuevamente, espera a que subas a esas que tienen luces lilas y que ponen reggaeton a todo volumen, es una disco andante combinada con montaña rusa! ... qué linda mi ciudad!
Besos!
Magaly
Weon pase, "de pasache no mas"... y este post me hace recordar que regreso a lima de todas mangas en julio, asi que nos tendremos que subir a la combi mas que seguro... asi que por ahi nos vemos... te falto la anecdota del cabrador gago!! jajajajaja ... Saludos mano
Muy buena PEPE. Suéltate otra crónica más...
Hola, es la primera vez que entro en blog. Me gustó mucho esta entrada, me gusta como escribe (o escribes, si le puedo tutear).
Volveré a por más :-)
Saludos
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