¿Por qué Keiko Fujimori lidera las encuestas presidenciales?
(tan simple como eso...)
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¡ SI MI CAPITÁN !, grité para mis adentros, instante en el cual sonó el grito de ataque.
Solito salí.
ELIMINADO PEPE!.
Conclusión: mis artimañas practicadas durante días, literalmente, a la mierda.



Ahora, al caminar por el mismo lugar lo que se observa es esto:
Exacto.
Las palomas han invadido y tomado nuestro hábitat de la forma más descarada.
Nadie sabe de dónde salieron, ni cuando llegaron. Pero allí están, por miles, invadiendo cada centímetro de cielo, cada tejado, cada balcón, cada calle.
Claro, más de uno puede decir: “¿Qué te van a hacer unas indefensas palomitas, no?”
Cagar todo a su paso señores.
Las palomas son como una máquina de excremento que trabaja las 24 horas del día. Tienen el talento suficiente para hacerlo sentadas, paradas, volando… hasta comiendo. Y no estamos hablando de insignificantes centímetros cúbicos de caca. No, no. Al ser ellas miles, imagínense el océano de deposiciones dejadas a su paso… el equivalente a la diarrea diaria de unos 147 mamuts y medio (sí, saqué la cuenta)
Suelo ser una persona muy madrugadora por cierto. Desde niño me he acostumbrado a despertarme muy temprano. A las 6 y media de la mañana ya ando estirándome para comenzar a realizar mis normales labores. Gracias a estos animalitos del señor y sus incesantes arrullos, mis despertares son ahora poco antes de las 5 de la mañana, con una visión aterradora a través de mi ventana que va masomenos así al abrir mis cortinillas:

Los bichos estos se han depositado en mi balcón para hacer de él su bulín extramarital (se rumorea por allí que las palomas son muy infieles). Cada mañana me despierta el ruido de cientos de estas que han encontrado, al lado de mi ventana, el mejor lugar para sus prácticas amorosas y reproductivas. Por ello, antes de que el sol empiece a mandarnos sus primeros brillos, escucho el constante “uuuhhh uhhhh uhhhh” (que en idioma palomil, debe significar algo así como “dale papi, no pares” o que las avezuchas estas fingen orgasmos de la manera más descarada)
¿Pero cómo combatir tamaña invasión de estos alados seres?
La misma pregunta nos la hicimos en el barrio, sacando como posibles soluciones las que aplicamos últimamente.
1) A punta de resortera, deshacernos de cada una de estas. Pero estadísticamente hablando, calculemos que cada persona le puede atinar a 3 palomas de cada 10 intentos, siendo muy optimistas… necesitaremos un aproximado de 4 000 individuos y unas 120 000 piedritas, cosa un poco complicada de conseguir cuadra a la redonda.
2) Soltar al vuelo algún halcón que las combata o en su defecto las devore; acto que noblemente realizó un viejo amigo nuestro con su ave de caza, que terminó apanado por el grupete de enfurecidas, montoneras y muy descriteriadas palomuchas para no querer salir de su casa en los próximos 4 años. Entonces, sería más fácil conseguir 2 dragones orientales que unos 5000 halcones, no?
3) En un arranque de locura, pensamos que serán las balas quienes nos libren de esta batalla aérea a las que nos vemos sometidos; para que nuestro viejo amigo Rodolfo, muy fiel a su buenísima puntería con el rifle, le diera exactamente al lado más sensible del tanque de agua de la vecina para inundar su casa en un record de minutos, mientras las palomillas observaban desde arriba el espectáculo.
4) Desesperado, y muy sádico por cierto, pensé en embadurnar con mis mejores artes varios kilos de rico maíz con el cianuro más letal o el raticida más usado por los suicidas de turno, y por la noche lanzarlos para convertirlo en el último alimento de las invasoras estas… para luego pensar, que terrible sería a la mañana siguiente estar bajo una lluvia de cadáveres incesante (o ya escuchaba a mi madre decirme: “me barres las tres mil palomas muertas del patio producto de tu payasada, ok?”)
5) Organizar una Genial Palomada Bailable. (pero no, las palomas estarían envenenadas y por ende, causaría una intoxicación en serie)
¿Entonces qué hacemos con estos bichos condenados?
Estoy cansado de limpiar mi balcón a diario para verlo a la mañana siguiente con esa suave textura de mierda sobre ella (porsiaca a los que se olvidan: Mierda (del latín merda[1] ) es una expresión generalmente malsonante y polisémica, y usada principalmente en el lenguaje coloquial. En sentido estricto es el resultado del proceso digestivo, y se refiere a las deshechos fecales de un organismo vivo, normalmente expulsados del cuerpo por el ano) ; y mucho menos, ver convertido los alrededores de mi habitación en un festín porno palomil.
Pensé en mi mayor de las desesperaciones mandarme unos santos rezos... pero recordé que el Espiritu Santo es también una paloma, por lo mismo, allá arriba tenían un aliado mas que un enemigo... la pucha!
Lo juro, no soy un asesino descarriado, ni un terrorista de la naturaleza… es más, las aves me gustan (algunas con papas y ensalada, más que otras); pero estas palomas nos han declarado la guerra sin aviso, con sus diarios bombardeos e intromisiones prepotentes…
… y esta guerra, en nombre de la humanidad, no la pienso perder...
(así que insistente, moriré en el intento)
¿Cómo pueden ser símbolos de paz estas alimañas del mal?
