
Paula y Mauricio son mis sobrinos adorados.
Y como tío ejemplar, este servidor se las dio de “nano” (leáse “nana” pero en machaso) para cuidarlos la otra noche. Son pocas las cosas que me diviertan tanto como el conversar con ellos.
Paula es toda la dulzura, tanta que me hace temblar:
*PAULA: Padrino, ¿porque yo no tengo barba como tú?
*PEPE: Porque tú eres mujercita y yo soy hombre… y sólo los hombres tenemos barba…bueno los hombres y una tía que ya se murió…
*PAULA: … y los hombres también tienen pelo largo?
*PEPE: Sólo los bonitos…
*PAULA: … pero tú también tienes el pelo largo padrino…
*PEPE: devuélveme el chicle que te di...
*PEPE: devuélveme el chicle que te di...
Y Mauricio con toda la inocencia en su manera más pura:
*PEPE: Mauricio, ya son las 10 de la noche y mira tú hermanita ya se durmió… ¿a qué hora te vas a dormir?
*MAURICIO: es… es que… es que no he rezado tío Pepito…
*PEPE: (uy nos jodimos…!) esteee... bueno vamos a rezar…
*MAURICIO: (arrodillado y manitas juntas mirándome, tratando de descubrir tal vez que no me he rezado ni el Ave María desde hace 15 años…)
*MAURICIO: (arrodillado y manitas juntas mirándome, tratando de descubrir tal vez que no me he rezado ni el Ave María desde hace 15 años…)
*PEPE: a ver empieza tu…
*MAURICIO: ¿No sabes rezar tío? (riéndose)
*PEPE: Claro que sí, sólo quiero saber si tú te la sabes...
*MAURICIO: ah ya (y se mandó 45 minutos con medio catecismo…)
*MAURICIO: ah ya (y se mandó 45 minutos con medio catecismo…)
*PEPE: Listo.. vamos a dormir…
*MAURICIO: …cuéntame un cuento…
Hay cosas que uno no puede decir que No. Y más si te lo piden con esa cara de antílope antes de ser destripado por el león. Empiezo mis relatos, mientras Mauricio, muy atento, no me quita la mirada de encima.
Así, entre cuentito y cuentito exigido, hago una pausa.
Y de repente, se me vienen algunas interrogantes que desde niño aún me cuesta resolver…
- ¿Porqué los cuentos para niños son purita crueldad?
A Pulgarcito lo abandonan en el bosque, a Bambi, empezando nomas le matan a la madre, al Patito feo lo trauman en casi todo el relato como para ponerle 17 psicoanalistas que puedan evitar su suicidio… - Con el mundo como está, con tanto peligro por ahí, ¿Se le puede contar a un niño que a Caperucita la mando la madre solita con una canasta por el bosque sabiendo que en él habitaba cierto lobillo pedófilo con muchas ganas? (si se comió a la abuela, esas ganas ya debieron ser enfermizas) Y encima, la manda de rojo como para que la detecten a 3 kilometros…
- Cuando contamos que a Pinocho se lo trago una ballena, y dentro de ella no se le ocurrió mejor idea que hacer una fogata para asfixiar al cetáceo… ¿Alguien piensa en el pobre animal con los pulmones hechos mierda y encima con quemaduras de 1er, 2do y 3er grado en la panzota? (se ve que el Greenpeace debe andar buscando a Pinocho para sacarle la entreputa).
- ¿Si Gepetto hubiese sido herrero en vez de carpintero, Pinocho hubiese sido una suerte de Terminator antiguo? (esto no viene al caso pero también lo pensé).
- ¿Cómo le cuento a mis sobrinos que Blanca Nieves vivía con siete hombres? Y al final, después de una convivencia en la que los enanos le tratan como una reina a la confianzuda damisela, esta les mete una patada en el culo para irse con el príncipe azul (que obvio no era enano, ni gruñon, ni dormilon, ni timido y menos tonto).
- ¿Porqué estos enanos eran recontra pobres si desde que se despertaban estaban en la mina sacando oro y diamantes? (ya con eso, puedo creer mucho en una explotación laboral por parte de la bendita Blancanieves)
- De Hansel & Gretel ni hablo (un par de niños perdidos en el bosque, secuestrados por una bruja que se los quería comer con zapatitos y todo, por eso los engordaba cual cerditos antes de Navidad). Ese trauma de la infancia no me lo he quitado pero ni con terapia de grupo, ni con hipnosis, ni fuertes (pero siempre necesarias, siempre) dosis de alcohol.
*MAURICIO: … tío, tío…
*PEPE: ah… que? Si verdad… bueno la cosa es que fueron felices para siempre.
*MAURICIO: ¿Quiénes?
*PEPE: uhmm …nosotros cuando nos vayamos a dormir…hasta mañana.
Ya, al día siguiente, paseando por el centro comercial, se nos cruza un muñeco de “Piolín”, que con todo el “cariño” del mundo estira su mano para saludar a mis sobrinos (y el muy cretino pajarraco con la otra ofrecía dulces EN VENTA). Mauricio lo mira de reojo mientras se esconde tras de mí.
Es obvio.
De niño vemos la TV. Vemos a los personajes de las caricaturas y las imaginamos de tamaño estándar; es decir, al canario aquel ¿de que tamaño? de un canario, obvio. Pero caminas en la calle y se aparece esta masa amarilla de metro ochenta, cabezón, deforme, y fingiendo una vocecita de abuelita en pleno enema… te traumas pues! Más que obvio. Hasta a mi me aterrorizó un instante el monstruo aquel.
Paula, un poco más grande que su hermanito, entiende un poco mejor las cosas.
*PAULA: Mauricio se ha asustado porque lo ha visto grandote a Piolín…
*PEPE: si Paulita… (Carajo, si así es Piolín, como será el gato, no?)
Hacer feliz a un niño puede ser muy simple a veces. Y me doy cuenta, al estar con este par de criaturas, que las pequeñas cosas que les puedo ofrecer les hace tanto bien: el estar con ellos, el compartir sus cosas, el escucharlos, el ser niño como ellos…
La felicidad es cosa complicada para nosotros los adultos.
La felicidad es casi una utopía en estos tiempos de tanto atolondre mundial…
Pero, el estar con ellos, se le parece tanto!