miércoles, 23 de diciembre de 2009

Y de como la Navidad puede tornarse en una fecha complicada, estresante pero muy Feliz al final.


La Navidad, me contaba mi madre allá por 1983, “es la celebración donde se conmemora el nacimiento de Jesucristo y todos somos buenitos y bla bla blá…”, mientras yo, armando el pesebre, me preguntaba a quién se le ocurre nacer al lado de un burro… (Mira si agarraba la madre una infección de aquellas) Desde niño fui muy curiosón, razón por la que mi madre en un afán de calmar mis ansias de saber el porqué de las cosas me inventaba cada historia para que me quede callado… (Me confiesa ahora que siempre denominó a aquellas interrogantes propias como “puritas ganas de joder de este hijo que le dio el Señor”… imagino que “el Señor” era mi viejo)


En fin, ha pasado mucho tiempo desde entonces y las interrogantes continúan sin ninguna respuesta que realmente valga la pena. Ya en un anterior post me preguntaba ciertas cosas que ocurren durante esta celebración, pero hay muchas otras aún sobre el tapete. Justo ayer al llegar de la oficina, cansado, estresado, con unas ganas horrorosas de darme una ducha y tirarme en la cama a no hacer nada, escuché lo que más de un hijo no desearía oír un diciembre cualquiera:

- “Pepe… ¿me acompañas a hacer algunas compras…?

En ese momento maldije con total herejía a todos los santos, vírgenes y demás personajes celestiales. Como es obvio, hice oídos sordos a la pregunta aquella, para de una forma casi magistral, hacerme el gran huevón. Me quedé en silencio en mi habitación, apagando la luz con una sutil delicadeza digna de Súper Agente.

- “No... no te hagas el dormido porqué si no quieres ir, yo voy sola y no me hago problema… total las cosas en la casa siempre las tengo que resolver yo!.. Claro, para eso está la “sirvienta” que siempre les tiene todo listo y preparado mientras ustedes bien gracias… Claro, que les va a importar eso si lo único que les...”
- Ya vieja, allí voy…

- Bueno… te espero abajo.

Bajé con la mejor sonrisita fingida que se me ocurría en aquel instante. Mi madre me miraba de reojo, diciéndome entre murmullos “hazte el loco nomás…” mientras yo, en un acto de reponer de cierta forma la elocuencia y el ambiente navideño, cometí la soberana estupidez de iniciar una conversación con la siguiente pregunta:

- “Esteee.. mamá, ¿a dónde vamos a comprar ah?”

- A Ripley…

- LA PUTAMADRE ¡!

- “Oye que te pasa??”

- No nada… sólo me acordé de algo... nada más…

A ver, les explico para el que no tiene mucha información al respecto.

Ir a Ripley de compras (conocida tienda por departamentos Made in Chile) un día cualquiera es un evento estresante. Familias enteras en fila, señoritas probándose cuanta prenda encuentran en el camino estorbándote el paso, damiselas rociándote perfumes para ver si alguno “te conviene”, cuatro pisos de murmullos, música y ofertas destellantes sin parar.

Ahora, ir en vísperas de Navidad, es un acto digno del infierno. Al menos para mí lo es.
Y es un conjunto de situaciones de las cuales sentir orgullo y emoción estaba muy alejado de la verdad. Una pirámide que va más o menos así:

Ir a Ripley.
Ir a Ripley en diciembre.
Ir a Ripley en diciembre vísperas de Navidad.
Ir a Ripley en diciembre vísperas de Navidad luego de un arduo día de trabajo.
Ir a Ripley en diciembre vísperas de Navidad luego de un arduo día de trabajo CON TU VIEJA !
Es decir, era una condena. Porque mi madre no es de las personas que dicen “ah ok, lo llevo” No, no señores. A mi madre le gusta “comparar”. Por ejemplo: Mi madre quiere comprar unas sandalias: mira las que le gustan, las coge, no sin antes revisarse toooooooooodas las de la tienda (incluidas las de las personas que ya las llevan puestas en su diario andar)

Así que ya se imaginan la cara de excitación que tenía rumbo al bendito local este.

Ya entrando a “Plaza San Miguel” (una suerte de Shopping con mil tienditas, bancos, farmacias, heladerías y todas esos lugarcillos que les gustan a los que no tienen algo mejor que hacer en casa) veo que delante de mí está parado (y muy obeso por cierto) un enorme Papa Noel (en pijamas, porque era la primera vez que veía al viejito este con traje a rayas… o se habría escapado de la cárcel por violar un reno, no lo sé…) junto a una supuesta “duendecita” (que era un hecho que había salido de alguna película porno de los 80’s) pues su minúscula faldilla hacía que mi imaginación no tuviera mucho trabajo en aquel momento.

- “Pepe, mira a ese Papa Noel…”, dice mi madre sonriendo

- “Si mamá, ya lo vi… no le des mucha pelota porque si no…”

- “Hola Papa Noel…!!”, exclama mi madre

Acto seguido, el individuo este se acerca y con toda la sinvergüenzada del mundo (léase concha) me da la mano A MI!!! .. o sea, en ese momento yo era un NIÑO DE 5 AÑOS!!!! MALDITA SEA!!!! (y mientras lo hacía, exclamaba sonoros y ruidosos “JO JO JO” para que las viejas y chicas alrededor me vean con ojitos te “burlona ternura”)

- “Ya estas contenta mamá…?!???”

- “Ja ja, pero porque tanta vergüenza por Dios…”

- “Mamá, Lo que menos quería hacer hoy es salir de mi cama para que un viejo pelotudo con cara de pedófilo me diera la mano, te cuento…”

Y el Papa Noelín escuchó mi cariñoso comentario, pues acto seguido me miro con una cara de “a la salida nos vemos desgraciado” y sus Jo Jo Jo eran como que mas pausados…Que importa, seguí caminando cuando escucho de mi progenitora:

- “Pepe mira, que graciosos esos caballitos... no quieres subirte?? Jaja “

- “Mamá no quieres comprarme un globito mejor…?”

- “Que poco sentido del humor mijito, ah?”

- “Dale mamá… hagamos las compras de una vez…”

- “Ah o sea... EL SEÑOR ESTA APURADO !”

- “No estoy apurado mamá, sino que hay mucha gente y tu sabes que soy medio enoclofóbico…”

- “Eres que…????”

- “Enoclofóbico..”

- “…y eso es miedo a qué?”

- “A los renos mamá… a los renos de Navidad más aun…”

- “…no era a las multitudes ? ... ah estas chistosito…”

Al fin entramos a la dichosa tienda Ripley. Diez mil personas, todas apuradas. Demás contarles que me sentí el Grinch con ganas de destrozar todo apenas entré… y maldije a los arbolitos, renos, vacas, burros, pastorcitos y reyes magos… Como les conté, mi madre se puso a recorrer el local y a ver el precio de TODO! Le propuse dar una vueltita por ahí mientras ella entraba en la sección “Viejas con hijos obligados”. Me paré al lado del probador como quien se esconde un poco, para darme cuenta que era el de damas, cuando una vieja cerro su cortina no sin antes darme una mirada como diciéndome mentalmente “Sátiro degenerado”. Es un hecho que lo último que necesitaba en el día era ver las carnes rollizas y con mucho uso de aquella señora. Di media vuelta a buscar a mi madre.

Acoto…:

¿Se han dado cuenta que gran parte de los vendedores de estas tiendas son medio “delicados”?
- “No te gusta esta camisa Pepe? Esta a buen precio… mira…”, me pregunta mi madre

- “Mamá esa camisa parece de un Hawáiano de los 70s…”

Para ser interrumpidos por el mozalbete este quien exclamó:

- “Pero “amigo”, la verdad estas camisas son lo último en moda…”

- “Ves Pepe, el chico sabe… y es como de tu edad, no es cierto joven?”

- “Debe ser señora, mi nombre es Jhonny y tengo 30 años…”

(Hago un paréntesis para contarles que según su pronunciación era “Shoony”, vestía una pegada camisita remangadita y unos bigotitos bien, bien putones)

- “Ah mi hijo tiene 33… “

- “Mamá, no quieres que lo invite a salir mejor y así te doy la sorpresa de traerte un novio nuevo en Navidad?”, murmuré a su oído.

- “Ay hoy estas..!?!?”

Fueron casi 3 horas de tortura infernal. Subí y bajé escaleras. Di círculos, me choqué con todo el mundo, dije la palabra “permiso” unas 300 veces (palabra que dicho sea de paso, de muy poco uso en estos lares), escuché conversaciones de mi madre con amigas de la infancia, y boté sin querer media docena de zapatos con el codo…

Al fin terminó el martirio y ya, camino a casa, pensaba ¿Por qué a todo el mundo se le ocurre comprar cosas caras para navidad? ¿Acaso en sus pesebres navideños ven a los pastorcitos con unos jeans Fiorucci? ¿O la sotana de San José es Giorgio Armani? Es más el mismísimo infiltrado aquel de Papa Noel usa el mismo posiblemente asqueroso traje rojo hace años… ¿A quién se le ocurrió aquello?

¿Porqué en Navidad todo es rojo y verde? ¿Acaso donde nació Jesucristo no era un desierto color sepia donde no crecía ni una uva?

¿Por qué año tras año las madres nos piden a nosotros los hijos que las acompañemos si saben que sólo servimos para estar a su lado con la mejor cara de culo?

En fin, no lo sé y nunca lo sabré la verdad.

Pero si algo sé, es que después de años, estaré en estas Fiestas con mi familia.
Y nuevamente ellos recordarán cuanto me estresan estas fechas, cuanto me molesta el chocolatito caliente en verano y cuanto renegaremos en la cena Navideña… pero esta vez: juntos.
Ah, por cierto, en dos días llega Soledad a Lima.

Así que no es complicado olvidarse de lo que me disgusta y esbozar en mi cara una gran sonrisota… una muy duradera.

… y desearles, para todas aquellas personas que si lo disfrutan, unas Feliz Navidad, y un Nuevo Año llenito de expectativas por cumplir y deseos por realizar.

Muy, muy, muy de corazón.
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viernes, 2 de octubre de 2009

BALA PERDIDA.

Si ya sé, me ausenté.

Y no fué producto de una sobrecargada ingesta de alcohol post cumpleaños, ni alguna enfermedad espontánea que me tuvo en cama. No, nada de eso.

Bueeeeeeno, ya está, me ausenté y fin de la historia...
Dejémoslo ahí.

Hace unos dias fui a jugar Paintball.
Para aquel que no sabe (en todo su derecho), según wikipedia:

"El paintball (en español ‘bola de pintura’) es un deporte en el que los participantes usan marcadoras (se suele evitar la palabra "pistola" para no causar posibles alarmismos) accionadas por aire comprimido, CO2 u otros gases, para disparar pequeñas bolas rellenas de pintura a otros jugadores. En esencia es un juego de estrategia complejo en el cual los jugadores alcanzados por bolas de pintura durante el juego son eliminados de éste a veces en forma transitoria, a veces en forma definitiva dependiendo de la modalidad. Contrario a lo que se piensa es uno de los deportes de aire libre más seguros..."

Claro, eso de "los deportes de aire libre más seguros..." es relativo.

Dispuesto yo a demostrar mis mas grandes dotes de guerrero, de soldado recio, gladiador y luchador incansable, me dispuse no solamente a ver una semana antes del juego todas las películas de Rambo, de leerme todos los libros de torturas nazis, de comer carne cruda para ir asimilando mi organismo y dormir durante 3 noches seguidas camuflado en mi jardín, sino vía E-mail (como sabrán, su servidor es una persona que siempre esta a la vanguardia de las comunicaciones) amedrentar al equipo contrario, para en una suerte de amenazas y desgaste psicológico, mantenerlos asustadizos y nerviosos antes del encuentro.

("asi es la guerra, señores.. TODO se vale.. TODO!!!... como en el amor, dicen, pero esa es otra historia)

Llegado el esperado dia del combate, una de las consignas impuestas por ambos equipos (del cual, muy fiel a Pilatos me lavo las manos en un acto por realzar mi honra) es que cada participante lleve un "six pack" de cerveza (six pack: dícese de aquel empaque el cual contiene 6 botellas del bendito líquido de los dioses en proporciones de 310 mL, es decir, seis botellitas de cerveza por cabeza), que en suma, al ser 10 participantes, teníamos la modesta cantidad de 60 cervezas sobre la mesa.

(Si no caías tras las balas, de seguro caías de purito borracho)

Pero, demorense un poquito, no es mi caso, no se confundan por favor...
Ustedes conocen en demasía mis comportamientos dignos y ejemplares, muy alejados de estas costumbres mundanas de estas personas descarriadas con quienes convivo día con día.

En fin, se que no me creyeron en absoluto, pero prosigo.

Ya conformado los equipos, nos dispusimos a colocarnos la indumentaria necesaria para que, como nuestros amigos de wikipedia lo afirman, este sea un deporte muy seguro.


Trajecito camuflado, guantecitos, chalecos y marcaritas, nos protegerian de algún ataque que conlleve la amputación de algún miembro o en su defecto, la pérdida de un ojo tan necesario aún.

La cosa iba masomenos asi:



En cierto momento, muy fiel a mi naturaleza guerrera, sanguinaria y despiadada, trataba de mostrar cierta furia y desenfreno que pudiese intimidar al enemigo:


Luego de oir atentamente las reglas del juego (al que obviamente me iba a mantener muy ajeno, pues pensaba dejar la piedad en el cajón de los olvidos, para derribar a cualquier enemigo, cueste lo que cueste), nos dispusimos a colocarnos en nuestras posiciones. Según nuestro Capitán de equipo (el cual elegirlo, ahora lo sé, fue uno de los errores mas grandes de nuestras vidas) la estrategia sería apenas oida la señal de ataque, correr a protegernos y atacar por los lados a los contrincantes.

¡ SI MI CAPITÁN !, grité para mis adentros, instante en el cual sonó el grito de ataque.

Solito salí.

Como el rey de los huevones, solo en el mundo corrí y corrí, mientras mi equipo muy cubierto y seguro, me miraba a lo lejos... juntitos, pegaditos, abrazaditos...

Y a los 16 segundos (contaba cada segundo de vida en mi mente) me balearon de la manera mas agresiva para caer al piso.

ELIMINADO PEPE!.

Conclusión: mis artimañas practicadas durante días, literalmente, a la mierda.

Terminado el combate, en el cual obviamente mi equipo perdió de una manera poco digna, conversamos (entre cerveza y cerveza) la siguiente estrategia a seguir: Pepe saldría por el otro lateral, dispararía y se cubriría, para distraer al enemigo y dejar que el Capitán corra por el lado contrario para apoderarse de la bandera.

¡ SI MI CAPITÁN !, volví a gritar mentalmente, esta vez mano en la frente y mas decidido que en la primera.

Dado el grito de ataque, levanté mi cabeza para observar el panorama antes de salir, para que una bala me dé exactamente en el ojo izquierdo.

AFUERA PEPE!!!

Mientras salía, recordaba aquellas épocas escolares en las cuales me hacia el enfermo para no asistir a las clases de Educación Física; el deporte siempre me importo tanto como la devaluación de la moneda en Asia Central, pero ahora, me hubiese servido un poco como para sobrevivir un poco mas en el jueguito aquel. Preferí pensar que para eso del combate soy un arriesgado, un espontáneo que se inmola por el resto... pero al quitarme la máscara me di cuenta que en realidad soy bien huevonazo.

Nos quedaba el último combate, el decisivo, el que decidiría quien es el triufador. Las reglas eran diferentes para el tercer combate, mucho mas extenso en tiempo.

Nuestra primera consigna: mandar a la mierda a nuestro Capitán; un chimpancé nos hubiese dado estrategias mucho mas efectivas.

La misión era: salir, cada quien se cuida solo.. y matamos sin piedad nomás.

En un ademán pocas veces visto ni siquiera en Vietman del Norte, este servidor corrió, disparó y de un salto, digno de un canguro australiano persiguiendo a la hembra en época de celo, caí con el peso de estos hermosos y bien contorneados 75 kilogramos sobre mi rodilla derecha. Pero aún así muy fiel a mis creencias heróicas y porque no decirlo, bastante estúpidas, logramos ganar esa batalla.


Ya, ganamos.. y?

Y bueno, me rejodí la rodilla (estoy pensando hacerle una demanda a Wikipedia por aquello de "...contrario a lo que se piensa es uno de los deportes de aire libre más seguros..." )

O será que yo soy bien gil?

Bueno, la cuestión es que cojeo hace mas de semana y media, y según el médico tienen que amputarme la pierna.
No mentira, pero que aún no pasa el dolor, eso si es cierto.

Pero habemos personajes así machotes en la vida.

- ¿Porqué cojeas hijo... que te ha pasado?
- Me lesioné en eso del paintball mamá... y me duele de una manera espantosa!
- Eso te pasa por meterte en cosas de hombres pues!

(Pero habemos personajes asi machotes en la vida... no?)
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viernes, 21 de agosto de 2009

¿COMO LO VIO EN TV.?


Es inevitable hacer zapping de cuando en vez, para sin darte cuenta caer en esos canales donde te ofrecen una serie de productos “maravillosos”, “impresionantes”, “espectaculares” y mejor aún, a un “precio insuperable”.

A mí me pasa seguido: quedo enganchado observado las virtudes y bondades de los aparatejos estos, para terminar sin entender realmente la razón por la cual un mortal común y silvestre como yo deba adquirirlos.

Conversando cierto dia con mi muy demente amigo Sandro (http://panconjamon.blogspot.com/) llegamos a la conclusión de lo extraño en la mayoría de estos productos, y nos preguntábamos el porqué de quedarnos atentos escuchando la sarta de beneficios incoherentes que estos nos ofrecen.

-Existe un blanqueador dental llamado algo así como “Teeth Whitening System Skywalker Underground SilverSky In The Middle Of the Night” (palabrucha realmente impronunciable por aquellos a los que vivimos aferrados al idioma natal) el cual ofrece a tus dientes un brillo tal que, con solo un par de semanitas de embadurnarte los caninos, incisivos y molares con esta pomada mágica, abres la boca con tal luminosidad que matas al primer incauto de una ceguera realmente mortal. A parte me pregunto cómo harán para pedirlo por teléfono con semejante nombresote: “Buenos días señorita… quiero pedir dos… uhmmm… dos de este…. Uhmm .. esteee.. dos de … de… de esa huevada pa’ blanquearte el diente pe’!”

-Si por aquellas desgracias del destino, eres de las personas que jamás escucha nada bien, de los que siempre responde con un “¿Ah.. cómo.. qué dijiste?”, o simplemente eres un chismosaso de porquería que quiere estar siempre atento a las conversaciones más ajenas, está el ya popular “Whisper”, que no es otra cosa que un dispositivo que insertas en la orejota en forma de audífono y listo: puedes oír la caída de un clavo a un kilómetro de distancia, la respiración de una oruga del jardín de la vecina y el sonido de una mosca tragando saliva. Me pregunto si por esas cositas del destino, me pongo una de esas cosas en mis siempre limpias orejillas (uso hisopos de 100 por un sol, esos con la carita del bebe delante) y a uno de mis sobrinos se le ocurre reventar un petardo cerca… de una hemorragia automática expulso por mi orificio auditivo al yunque, estribo, martillo, desarmador y sacacorchos, no?

-Si perteneces a nuestro grupo de personajes con cierto (pero muy leve, muy leve) abultamiento en la parte abdominal, existe el fantástico “Body Slim”, bálsamo maravilloso que con sólo esperar 40 minutos luego de ser aplicado, te baja la panza hasta 20 centímetros y a la mierda el gimnasio y las dietas!!! Claro, que algún órgano interno desintegrado o una futura irritación crónica de la piel vale bien la pena con tal de causar enamoradizos suspiros este verano, no?

-¿Eres de esos inútiles que no sabe siquiera cortar una cebolla en dos? ¿Pelas una papa y al final te queda 2 centímetros cúbicos del sagrado tubérculo? ¿Haces la ensalada de fruta con cascarita, tallo y semillas? Pues aquí está la solución: el “Pro V Slicer”, bendita creación del cielo para aquellos alérgicos a las labores culinarias, el cual con sus filosas cuchillas dejan a las espadas Hatori Hanzo como pancitos de 20 centavos. Y lo mejor, es que no corres peligro al lavarlo, ya que (según demostración del vendedor por T.V.) puedes pasar la mano por encima (Ojo, de forma vertical) sin cortarte. Los que nunca terminaron la primaria, lavarán la cosa esta de la forma inadecuada, para terminar guisando un buen plataso de dedos.

-La licuadora, mijitos, ya es cosa del pasado, luego de la majestuosa aparición del “Magic Bullet”, que tritura todo, absolutamente todo en un par de movimientos. Inclusive, puede triturar un clavo de acero (he pasado los tres últimos días buscando en la red alguna receta que contenga clavo molido sin suerte alguna, claro, aun no entre a faquires.com) Y para acrecentar un poco más la ociosidad y las epidemias benditas que nos azotan el cerebro últimamente, “con un solo chorrito de agua” zas!, ya esta lavadito, lavadito.

-Eres de las chicas a la cual la naturaleza no le fue propicia para resaltar una “delantera” llamativa (léase “tienes tetas chicas”), pues no hay problema, porque con el “Xtreme Bra!” (que no es otra cosa que un brassiere cual corsé del siglo XVI) te levantaras los senos de tal forma que ni el cuello se te verá. La circulación cortada es cosita de nada. Entonces, ahora que te vayas a la fiestecita de fin de semana, la Anderson quedará a tu lado como cualquier porquería… (ojo, es sólo para usar debajo del vestido, porque es un artilugio horrible y nada sensual).

-¿Tienes unos pies que parecen spondylus erosionados? ¿Tus callos hacen que las plantas de tus miembros inferiores parezcan la cordillera de los andes? Tranquilo, con el “Ped Egg” (aparatucho parecido a un rallador en forma de huevo) te sacas estas molestias en un dos por tres… y lo mejor, es que toda esa piel muerta y asquerosa, queda depositada dentro para que la guardes, la uses como efecto de nieve en tu pesebre en Navidad, o en el peor de tus miserias, engañes a tu suegra con el mejor queso parmesano europeo sobre sus tiernos spaguettis. (La publicidad esta es un tanto desagradable, la verdad)

-Hey tú, fanaticón de los rezos y las almas purificadas ¿Harto de este mundo banal y descarriado? ¿Quieres llevar a Diosito en la comodidad de tu cartera, mochila, billetera? ¿Te da flojerita ir a la Iglesia los domingos? Respira hondo y no te golpees mas el pecho que llego la fabulosa “Cruz de la Plegaria”. Si, una cruz…. O sea, uhmm… si eso: una cruz. Pero lo maravilloso es que viene en tres tamaños: small, médium y large (imagino que para diferente tipo de pedido celestial) Los tiempos cambian señores, y ahora en el cielo también aceptan Visa Mastercard… porque Cruz de la Plegaria: 90 dólares… Llamada telefónica con espera: 5 dólares… Gastos de envío: 10 dólares… Pase Vip al cielo (con dos tragos de cortesía): NO TIENE PRECIO.

Sería interminable describir cada uno de estos productos.

Hace unos días, la madre de una amiga (muy compulsiva en compras ella) adquirió una máquina de Pilates por este medio, el cual prometía que, a sus bien logrados 60 años, podría tener un cuerpo de quinceañera, terso y firme, y ser la envidia de las arrugadas señoras que se reúnen viernes a la noche a jugar bingo (perdóname mamá, tu también vas pero sabes que no eres vieja, no?) Armó el producto, se tiró al piso y en dos minutos estaba llamando a la hija para que la llevase a emergencias, pues uno de los sujetadores estaba mal colocado y le causó una contusión de padre y señor mío…

Debe ser que todas estas cosas nos son ahora muy necesarias en nuestro quehacer diario, o por lo menos así nos lo hacen creer. Y por supuesto, respeto a las personas que de buena fe compran estos con tal de hacer sus vidas “más fáciles”.

Pero me quedan algunas preguntas en mente, ¿Son realmente confiables estos productos? ¿Pasarán un estricto control de calidad para ser útiles y no peligrosos a los usuarios? ¿Alguien dijo que había crisis en el país como para que la compra de estas baratijas sea un verdadero boom? ¿En una pelea callejera, quién pega: el increíble Hulk o Hellboy? ¿Batman tiene tanto frío como para que resalten sus tetillas sobre el traje?

Es un misterio mijitos, es un misterio…

martes, 11 de agosto de 2009

Santa Palomillada !

Hace un tiempo, al caminar por ese barrio mío que me vio nacer, se podía ver algo asi:



Ahora, al caminar por el mismo lugar lo que se observa es esto:


Exacto.

Las palomas han invadido y tomado nuestro hábitat de la forma más descarada.
Nadie sabe de dónde salieron, ni cuando llegaron. Pero allí están, por miles, invadiendo cada centímetro de cielo, cada tejado, cada balcón, cada calle.

Claro, más de uno puede decir: “¿Qué te van a hacer unas indefensas palomitas, no?”

Cagar todo a su paso señores.
Las palomas son como una máquina de excremento que trabaja las 24 horas del día. Tienen el talento suficiente para hacerlo sentadas, paradas, volando… hasta comiendo. Y no estamos hablando de insignificantes centímetros cúbicos de caca. No, no. Al ser ellas miles, imagínense el océano de deposiciones dejadas a su paso… el equivalente a la diarrea diaria de unos 147 mamuts y medio (sí, saqué la cuenta)

Suelo ser una persona muy madrugadora por cierto. Desde niño me he acostumbrado a despertarme muy temprano. A las 6 y media de la mañana ya ando estirándome para comenzar a realizar mis normales labores. Gracias a estos animalitos del señor y sus incesantes arrullos, mis despertares son ahora poco antes de las 5 de la mañana, con una visión aterradora a través de mi ventana que va masomenos así al abrir mis cortinillas:

Los bichos estos se han depositado en mi balcón para hacer de él su bulín extramarital (se rumorea por allí que las palomas son muy infieles). Cada mañana me despierta el ruido de cientos de estas que han encontrado, al lado de mi ventana, el mejor lugar para sus prácticas amorosas y reproductivas. Por ello, antes de que el sol empiece a mandarnos sus primeros brillos, escucho el constante “uuuhhh uhhhh uhhhh” (que en idioma palomil, debe significar algo así como “dale papi, no pares” o que las avezuchas estas fingen orgasmos de la manera más descarada)

¿Pero cómo combatir tamaña invasión de estos alados seres?

La misma pregunta nos la hicimos en el barrio, sacando como posibles soluciones las que aplicamos últimamente.

1) A punta de resortera, deshacernos de cada una de estas. Pero estadísticamente hablando, calculemos que cada persona le puede atinar a 3 palomas de cada 10 intentos, siendo muy optimistas… necesitaremos un aproximado de 4 000 individuos y unas 120 000 piedritas, cosa un poco complicada de conseguir cuadra a la redonda.

2) Soltar al vuelo algún halcón que las combata o en su defecto las devore; acto que noblemente realizó un viejo amigo nuestro con su ave de caza, que terminó apanado por el grupete de enfurecidas, montoneras y muy descriteriadas palomuchas para no querer salir de su casa en los próximos 4 años. Entonces, sería más fácil conseguir 2 dragones orientales que unos 5000 halcones, no?

3) En un arranque de locura, pensamos que serán las balas quienes nos libren de esta batalla aérea a las que nos vemos sometidos; para que nuestro viejo amigo Rodolfo, muy fiel a su buenísima puntería con el rifle, le diera exactamente al lado más sensible del tanque de agua de la vecina para inundar su casa en un record de minutos, mientras las palomillas observaban desde arriba el espectáculo.

4) Desesperado, y muy sádico por cierto, pensé en embadurnar con mis mejores artes varios kilos de rico maíz con el cianuro más letal o el raticida más usado por los suicidas de turno, y por la noche lanzarlos para convertirlo en el último alimento de las invasoras estas… para luego pensar, que terrible sería a la mañana siguiente estar bajo una lluvia de cadáveres incesante (o ya escuchaba a mi madre decirme: “me barres las tres mil palomas muertas del patio producto de tu payasada, ok?”)

5) Organizar una Genial Palomada Bailable. (pero no, las palomas estarían envenenadas y por ende, causaría una intoxicación en serie)

¿Entonces qué hacemos con estos bichos condenados?

Estoy cansado de limpiar mi balcón a diario para verlo a la mañana siguiente con esa suave textura de mierda sobre ella (porsiaca a los que se olvidan: Mierda (del latín merda[1] ) es una expresión generalmente malsonante y polisémica, y usada principalmente en el lenguaje coloquial. En sentido estricto es el resultado del proceso digestivo, y se refiere a las deshechos fecales de un organismo vivo, normalmente expulsados del cuerpo por el ano) ; y mucho menos, ver convertido los alrededores de mi habitación en un festín porno palomil.

Pensé en mi mayor de las desesperaciones mandarme unos santos rezos... pero recordé que el Espiritu Santo es también una paloma, por lo mismo, allá arriba tenían un aliado mas que un enemigo... la pucha!

Lo juro, no soy un asesino descarriado, ni un terrorista de la naturaleza… es más, las aves me gustan (algunas con papas y ensalada, más que otras); pero estas palomas nos han declarado la guerra sin aviso, con sus diarios bombardeos e intromisiones prepotentes…

… y esta guerra, en nombre de la humanidad, no la pienso perder...

(así que insistente, moriré en el intento)

¿Cómo pueden ser símbolos de paz estas alimañas del mal?

viernes, 7 de agosto de 2009

"I ain't afraid of no ghost..."


Analizando un comentario en el post anterior escrito por mi entrañable amigo Javier, me percato que tiene absoluta razón al decir que los gatos formaron parte importante en nuestra niñez. ¿La razón? No tengo la más absoluta idea, pero debemos ser reencarnaciones de los habitantes de la destruída Thundera o algo por el estilo.

A mediados de 1985 este servidor tenía 9 años aproximadamente.

No existía el Play Station: Yo jugaba Atari.

No teníamos ni cable, ni internet, ni pornografía gratis: veíamos sólo 5 canales en la Tv, si buscábamos información nos mandaban a la biblioteca, y lo más cercano a la pornografía fue verle las tetas a aquella adolescente vecina mientras se cambiaba frente a mi ventana.

Mucho menos existían los multicines: existían los cines de barrio, con función “matiné y vermouth”, en los cuales podías pagar entrada bien a platea (en el primer piso, si no tenías muchas monedas) o mezzanine (en el segundo piso, donde podías ver las películas mientras arrojabas objetos, pop corn o gotitas de baba a los de abajo, sólo por purito joder)

Para ese entonces se estrenaba en Lima la película “Ghostbuster” (Cazafantasmas).
Junto a la pandilla la vimos y nos encantó. Diecisiete veces fuimos a verla. Si, diecisiete. Así de ociosos eramos, asi de animalitos además. Nos sabíamos los diálogos de memoria, el nombre de cada personaje, la duración de cada escena, el soundtrack completo y hasta el nombre del asistente de maquillaje para la filmación.

Cuando tienes 9 años, la vida es flotar en el aire sin percatarte que abajo hay un piso frío y duro al que en algún momento debes pisar. Y nosotros más que flotar, éramos como cometas, muy ajenos a lo que debajo podía suceder. Así nos pasaba siempre.

Cierto día, saliendo del cine, quisimos ser “Cazafantasmas”. Y así lo decidimos: Adrian, Javier y Yo seríamos Cazafantasmas.

Las ganas nos sobraban, pero necesitábamos algunas cosas que se adecuen a nuestras nuevas personalidades.

Primera Misión: Conseguirnos trajes adecuados.
Buzos viejos para protegernos de la radioactividad fantasmal, mangueras para capturar a los entes… sustraídas de las aspiradoras en casa; cucharones, tenedores, sacacorchos, un frasco de ají y demás utensilios de cocina para arremeter contra algún espíritu rebelde que ponga resistencia; y por último, pero no por ello menos importante, el arma que nos mantendría salvo de algún ataque paranormal (en mi caso, la vieja pistola de agua se convirtió rápidamente en un detector de ectoplasma). Claro, al poquito tiempo nuestras madres se dieron cuenta de la ausencia de algunas cosas en sus siempre ordenadas casas, para arremeter contra nosotros de la manera más injusta y despiadada. Hasta ahora recuerdo a mi iracunda madre explicándome entre gritillos nada disimulados: “Vuélveme a desarmar la aspiradora y con un zapatazo en la cabeza te quito lo chistoso, ok?”.

(Mi madre siempre fue así de cariñosita)

Segunda Misión: Encontrar un lugar que nos sirviera de guarida.
Nada podía en aquellos días asemejarse más a un depósito fantasmal como el garaje de Adrian y Javier (que muy a pesar de ellos, son hasta ahora hermanos). El lugar estaba perfecto, pero como que le faltaba vida a la cosa; ese toque mágico de un real cubil paranormal. Javier, que para ese entonces era un talento sobrenatural para el dibujo, para estar siempre en silencio y para ponerse medias más arriba de la rodilla como Candy, tuvo la brillante idea de dibujar aquel logo gigantesco en la pared de la cochera. Terminado quedó genial. Su madre lo vio también rato después, y con la misma genialidad nos puteo.

Tercera Misión: Publicidad.
Ninguna empresa que se conciba, puede funcionar sin publicidad. Y nosotros, jóvenes empresarios, necesitábamos hacer conocer nuestras labores y buenas artes. Nos pasamos toda una tarde escribiendo volantes que luego repartimos en cada casa del barrio; textualmente decía “Señora (está comprobado que las señoras toman las decisiones en casa) tiene un fantasma en casa? Llámenos a este número…”. Pasaron los días y al no recibir respuesta de nuestra primera estrategia publicitaria, decidimos ser por ese entonces los innovadores del Tele marketing.
Tomamos la agenda telefónica de casa, y nos dignamos a llamar a cada uno de los contactos agendados para preguntarles: “Buenos días, disculpe…tiene algún fantasma en casa?”. Era raro, pero parece que los fantasmas estaban de vacaciones o llamábamos a las personas en momentos inoportunos, porque o nos colgaban enseguida o sutilmente nos mandaban saludos a nuestras madres.

Luego de nuestro primer fracaso empresarial, manos en los bolsillos, salimos a dar una vuelta arrastrando nuestras mangueras y armas aún sin usar, para llegar a esquina aquella donde el fallecido Comegato había pasado sus últimos días. Si antes había muchos gatos en el lugar, en ese momento la casa estaba totalmente infestada de felinos maullantes.

Las grandes ideas en la historia, son muchas veces las que devienen de los fracasos.

Rodeados de tanto gatuno indeseable por ese entonces, y al darnos cuenta que lo más cercano a un fantasma por aquella época era la hermana de nuestro amigo Jaime, dejamos atrás los deseos de ser “Cazafantasmas” para convertirnos automáticamente en los “Cazagatitos”.

Si, Cazagatitos.
(ahora me explico porque ninguna Agencia de Publicidad me dá trabajo aún...)

Demás contarles que no cazamos ninguno. Lo más cercano a capturar un felino, fueron los arañazos en la cara que se ganó Adrian al intentar tomar a uno de estos por sorpresa y una soberana (y muy minina) meada en mi pantalón.

Pero día con día, con todo el equipo necesario para nuestro safari de barrio, salíamos en busca de nuevas aventuras… aventuras que terminaban para mí en la esquina, porque mi madre no me dejaba ir más allá. Justo en esa esquina, estaba la que denominamos luego “la casa de los gatitos”: una casa abandonada a medio construir, la cual estos animalejos habían convertido en su guarida permanente. No miento cuando digo que había allí unos cien gatos. No sé de dónde salía tanto micifuz, pero aquella casa se convirtió en nuestra guarida también. Y así, hombre y gato, convivimos en paz durante buen tiempo, hasta que un nuevo integrante quiso acoplarse al club de los Cazagatitos. Un vecino nuestro llamado Miguel, al que apodaríamos (hasta nuestros días) como “el Cholo”. En esos tiempos, Javier (que era una mente desquiciada y maligna) nos sugirió que cualquier individuo que postulase a nuestro club, debía pasar por una serie de pruebas para saber si es digno de tales honores.
Redacto sus pruebas que resumió en 4 básicas:

1) Pasar la lengua sobre un hormiguero (de esas rojitas que cuando te picaban te dejaban medio cuerpo paralizado y estéril de por vida)

2) Comerse un plátano aún sin madurar (muy verdecito, incomible, cuyos efectos secundarios quedan como secretos de inodoro)

3) Caminar con ademanes muy femeninos (léase, caminar como marica) por toda la cuadra.

4) Besarle el culo a mi perro (no tengo que explicar mucho esto, o si?)

Y nuestro Cholito, toditas las hizo. Cada una, cada reto, lo pasó con total hidalguía y heroísmo.
Cuando acabo, le dijimos que nos parecía que no estaba preparado aún, y que nosotros le avisaríamos.

(El Cholo nunca fue un Cazagatito por cierto, pero si un valiente… y un huevón, eso sin duda)

Cuando tienes 9 años conviertes las pequeñas cosas de la vida es un mar interminable de emociones. Y en mi barrio, La Perla, todas esas aventuras se nos hicieron más que posibles.

Ahora ando de vuelta por la cuadra: ya no hay gatitos, ni casas abandonadas, ni hormigueros que el Cholo pueda degustar a sus anchas. Pero están esos amigos, esos que ahora al conversar nos preguntamos: “¿te acuerdas de la casa de los gatitos?”.

(Y disimuladamente al miranos, reímos… porque cada uno de nosotros sabe que nunca dejó de ser un “Cazagatitos” )
.

sábado, 1 de agosto de 2009

Comegato.


Todos en el barrio le llamaban “Comegato”.

Claro, cada lugar tiene ese personaje enigmático, extraño, misterioso del que nadie conoce origen, procedencia o misión para existir. Centroamérica tiene su Chupacabras; Irlanda tiene a su monstruo del Lago Ness; el Himalaya tiene a su Yeti, Norteamérica tiene a su Paris Hilton…

Mi barrio tenía a Comegato.

Comegato era un personaje que apareció un día y se quedó en el barrio.
Nadie conocía su oficio ni beneficio. Sólo deambulaba por las calles, observando, silencioso, como tramando siempre algo. Encorbado, de ojos achinados pero muy brillantes (en primera instancia asociados a la brillantez de la mirada felina, analizando después, a causa de los litros de alcohol barato que este sujeto ingería como si fuesen golosinas); raramente tenía las orejas alargadas y puntiagudas y sobresalían debajo de su nariz unos largos y blanquecinos bigotes. Sus uñas eran largas y descuidadas, y puedo jurar (era niño, entiéndame) que hasta cola tenía.

Cuando eres "un mocoso", las leyendas urbanas no son más que absolutas realidades. Así pasó con Comegato. Para mí, Comegato era una simbiosis humana-felina. No existía otra explicación.

- “Oye… ¿porqué se parecerá tanto a un gato ese tipo, ah?”, pregunté cierta vez.

- “Porque come gatos pues gil”, me respondió con total certeza ese amigo; el mismo que me afirmo que la masturbación te saca pelos de las manos, que si comes carne en Semana Santa te conviertes en un pez y que el Perú es un país democrático.

Entonces no había duda.
Esta persona comía gatos, y no habría otro apelativo para él que llamarlo: “Comegato”.
(tal cual el personaje de las revistas de "Condorito")

Extraña (o coincidentemente) vivía en una casa abandonada infestada de estos felinos.
Claro, para ese entonces analizaba yo, que si unos tienen gallinas en su casa para cubrir la ración familiar, otros crían vacas o cerdos, este Humanoide felino, quería asegurarse el menú de cierta forma. Nadie sabía a qué se dedicaba o que oficio practicaba, ya que por las noches, se le veía pasar con su botella de alcohol de dudosa procedencia que conseguía en Dios sabe donde.

Cierto día, a la pandilla de amigotes que éramos (y somos muy a pesar del tiempo) se nos ocurrió la brillante idea de ingresar a la vivienda de Comegato, aprovechando su ausencia. De infante, uno es aventurero, arriesgado, y porque no decirlo, excesivamente huevón.

(Y para el concurso de huevonazos, nosotros siempre salíamos victoriosos).

En fin.
Una vez dentro, (sin ánimos de exagerar) nos vimos frente a varias decenas de gatos que nos recibieron en un coro de maullidos incesantes. Al lado, un colchón viejo en el piso, varias revistas amarillentas por el tiempo, y botellas vacías sin fin. El olor no era el más agradable del mundo, y mucho menos acogedor la penumbra del lugar. Haciendo mérito de nuestra purita estupidez, quisimos introducirnos más en la morada, mientras yo insistía en largarnos de allí de inmediato (si, siempre hay un mariquita en el grupo)

- “Carajo!, ahí viene Comegato!”, escuché desde la puerta.

Tratando de emular a un güepardo muy drogado y acelerado, corrimos hacia la ventana con la intención de lanzarnos como pudiésemos con tal de que no nos atrape el Thundercat aquel.
(Si comía gatos, tranquilamente podía empujarse un buen arrebozado de niño idiota, no?)

Pudimos escapar.
Y al salir, sólo nos quedó observando por la ventana, quieto, atento, muy callado…
Hubiese preferido algún insulto de por medio, un zapato lanzado sobre nuestras cabezas o algo por el estilo; el silencio atento aquel me hizo pensar automáticamente que ese sujeto tramaba algo y nos tragaría en algún momento, cuando menos nos lo esperemos.

Pasaron los días, (donde obviamente no nos comió) y en mi puerta escucho un grito de uno de mis amigos:

- “¡Pepeeeeee!!!!... ¡se murió Comegato!!”

Bajé de inmediato y me contó que acababan de encontrarlo muerto a unas cuadras, en una pampa, con síntomas de haber estado alcoholizado.

Ni cortos ni perezosos llegamos al lugar rodeado de gente, y allí estaba, tendido sobre la tierra, con varias botellas al lado y muy extrañamente para el resto (más no para nosotros) una docena de gatos pasándole por encima: maullando atentos, vigilantes, fieles.

Nunca supe con certeza si Comegato se alimentaba de estos felinos en realidad. O si estaba armando una legión de ellos para invadirnos. Pero lo que sí sé es, que aquel día, entre aquel coro de maullidos sobre su cuerpo inerte, Comegato murió en su ley.
(Y fue difícil evitar decir un “miau” en mi cabeza…)

Ahora me pregunto: ¿Irán los gatitos al cielo?

Lo que si estoy seguro es que, cuando llegue allá arriba, lo primero que tienen que darle a Comegato es una buena taza de café para apaciguar semejante resaca.

Que en Paz Descanse Comegato.

lunes, 27 de julio de 2009

Primer añito !


Hoy se cumple un año desde que empecé esta aventura de escribir un blog. Es extrañísimo para mí que haya pasado tanto tiempo (y tan velozmente) desde aquella noche en mi habitación intentando relatar la travesía de lo que fue viajar a tierras Argentinas en bus.

“Ahh si pues” nació así.

Durante aglomerados minutos estuve pensando en alternativas de cómo llamar a este espacio. Y casi de inmediato, se me vino a la cabeza aquella expresión tan utilizada en mi país.

Por ejemplo (y sólo para un mejor entendimiento):

- Estás en alguna reunión extracurricular (leáse juntarse con amigos a tomar cerveza como desquiciados días antes del Armagedón), y luego de algún relato por parte de cualquiera, y que obviamente no causó en uno el más mínimo interés, exclamas “ahhh… si pues” (traducción de “ahh muy bonita tu historia oye infeliz y ahora que hago después que me has hecho perder 10 minutos de mi vida por estar atento a la facilidad que tienes para que salgan tantas estupideces juntas de tu boca, ah??)

- Tienes una cita. Y llega ese momento detestable que todos en alguna oportunidad hemos pasado: los segundos interminables de silencio, sin saber qué rayos decir, que mirar, que comentar, como respirar… ¿Qué haces?. Dices “ahh si pues…” (traducción de “ahh y ahora qué diablos hablamos porque por lo visto tu me aburres y yo a tí en demasía, asi que mejor nos ponemos la mejor cara de felicidad para terminar de comer mientras inventamos el mejor pretexto para largarnos a nuestras casas..”)

- Un compañero de la oficina de esos indeseables te llama a tu celular para invitarte a su cumpleaños a lo que respondes luego de la pregunta “¿vas no?”: “ahh si pues..:” (traducción de “en la vida voy a mandarme un viaje interprovincial para llegar a tu cerro, mucho menos comprarte un regalo porque cada día al despertarme ruego a Dios y a todos los Superamigos que un rayo haya caído justo sobre esa cabecita tuya tan llenita de neuronas inválidas…)

- Llegas a tu casa a las 7 de la mañana, desvergonzadamente con unas ojeras que te llegan al ombligo y le dices a tu madre, esposa, novia o conviviente: “Uff que cansado, no sabes cómo me pude librar de la nave extraterrestre esa que me secuestro…!” a lo que te responden con “ahh si pues…” (traducción de “si claro, cuantos experimentos deben haberte hecho animal, porque vienes apestando a licor barato, con la camisa desarreglada y de segurito la nave estaba tripulada por el chupacabras porque te dejo tremenda succionada en el cuello , no?”)

Luego de todo este tiempo, gracias a este blog he descubierto a tantas personas maravillosas, tantos amigos “virtuales” (pero muy reales) y otros tantos en amistad muy constante. A todos ustedes gracias por soportarme todo este tiempo, por dejar ese pedacito de sí mismos en cada comentario, por dejarse empapar por cada relato en los cuales sólo he transmitido estas ganas locas de escribir y asimismo, esta bendita estupidez tan natural a la que mis padres constantemente me repiten y se sienten muy ajenos herederos.

Gracias miles.

Mientras tanto, celebro hoy en cada vaso por ustedes (voy a contar cada una de las visitas por aquí, así mando un salud por cada uno… para que vean lo agradecido que soy y pendiente de todos ustedes mis amigos).

Coincide con esta semana de Fiestas Patrias por aquí.
Así que con banderita en mano, botellita en otra, y un corazón sobre la mesa para todos ustedes, les dejo mi más profundo agradecimiento por acompañarme siempre por estos lares.
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¡Viva el Perú carajo!
(disculpen... se me salió el patriotismo).
.
Gracias, gracias... gracias.

martes, 21 de julio de 2009

De como sobrevivir expuesto y sin Amor en Tiempos de Gripe Porcina


Hace ya varias semanas que no me tomaba la placentera molestia de pasar por aquí.

Si ya lo sé, que a veces mis ausencias son de golpe y sin aviso, pero los que estamos inmersos en este mundo capitalista y del empleo subordinado, debemos mantenernos al margen de nuestras obligaciones y responsabilidades que harán de Nuestra Nación un mejor…
… a la mierda, ¿para qué mentirles?

Me dio una flojera de los mil demonios. Sólo eso.

Hace ya varios días, me desperté con una rara sensación. Físicamente extraño, despierto sin ganas de ir a trabajar, muy congestionado, con tos y algo de fiebre. Sin darle mayor importancia, prosigo con el habitual ritual de alistarse para ir a la oficina.

Si señores, yo soy un ejemplo de responsabilidad a seguir. Enfermo, cojeando, atacado por una cobra Africana o picoteado por un enjambre de abejas asesinas, igualito voy a trabajar. Como quién dice, soy bien huevonazo.

En fin. Ya en el trabajo, pensando que las seguidas tazas de cafecito matutino y los doce alfajorcitos respectivos (“lo light es para los maricones”, decía mi santo abuelo) iban a calmar en parte a este inmolado enfermo proseguí con mis labores, para percatarme que me había terminado de decorar un completo rollo de papel higiénico con mis irreproducibles fluidos nasales. Mocos para los amigos.

- "Pepe, ¿no te habrá dado gripe porcina no?", pregunta la secretaria tapándose la boca de una manera muy poco sutil.

- "Nahh, no creo ser tan mala suerte ¿no? (¿o sí?)", respondo

Casi de inmediato, recuerdo aquellos acontecimientos de los cuales puedo sacar la teoría muy fundamentada por la cual la mala suerte ha sido siempre la más fiel de mis compañeras:

-Paso por un parque infestado de una multitud aproximada de 3 000 personas, y bajo el cielo azul revolotea una paloma (si, una) y se caga. ¿A quién le cayó? CORRECTO: a Pepe.

- Voy al circo, que adoro y adoraré siempre; a excepción de los magos que me parecen detestables. Y cuando este pide un voluntario para hacerle un truco, cortarlo en dos, o romperle el reloj para nunca más devolvérselo… ¿a quién enfoca el reflector? EXACTO: a Pepe.

-Haces la cola en el banco por extenuantes tres horas, y a pocos metros de entrar, viernes a la tarde, con un jugoso cheque por cobrar que te viene tan bien ya que tienes solo dos monedas en el bolsillo… ¿A quién le cierran la puerta en la cara para cagarlo hasta el día lunes? OBVIO: a Pepe.
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-De los casi 7 000 adolescentes que nos presentamos a sacar la libreta militar reglamentaria por aquellos años… ¿Quién salió sorteado para servir a la Patria justito en tiempos de Guerra Anti-terrorista en el país? PERO POR SUPUESTO: Pepe.
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-¿A quién se le sienta delante en el cine, justo en el estreno del “Señor de los Anillos” una enorme señora con Afro Look? CLING!: a Pepe.

-¿A quién se le cae todo el pote de Pop Corn en el mismo cine por tratar de esquivar al mismo cetáceo Afro? AJÁ!: a Pepe.

Después de toda esta meditación, me entro la duda, suponiendo que en este planeta era yo el candidato perfecto para contraer cualquier nuevo virus extraño.

Y como yo soy un “chico cibernético”, “googleo” mis síntomas para descartar un diagnóstico inmediato.

Veamos:

1) CONGESTION NASAL: Bueno, sí. Ayer me tome dos cervezas heladotas en frío otoño, y no paré de estornudar la noche entera. Claro, al despertarme siempre, desde niño, los mocos son para mí lo que la luna es para los poetas.

2) FIEBRE: También. Pero la fiebre me viene cada vez que un inepto aquí me hace perder el tiempo con alguna metida de pata que el “buen” Pepe debe resolver.

3) CANSANCIO: Obvio. Es Lunes, y hasta ahora no encuentro al mortal que empiece a trabajar este día sintiéndose la persona más afortunada del mundo. A menos claro, que el trabaje de jurado en algún concurso de Miss Hawaiian Tropic.

4) NAUSEAS: uhmmm… ¿será normal comerse doce alfajores de golpe? Esperemos…

5) PÉRDIDA DEL APETITO: (¿dije lo de los alfajores no?)

6) DIARREA: (porsiacaso, recojo la envoltura de los alfajores para releer fechas de vencimiento).

7) TOS: en un ambiente de trabajo donde abunda el papel, las tintas y olores que nos hacen delirar mejor que en cualquier ritual de Ayahuasca, la tos es parte de mi idioma.

¿Entonces?

Analizo un poco, y en voz alta le digo a la Secretaria:

- "¡Si tengo gripe porcina! ¡Tengo todos los síntomas!!!"

No había visto una cara de espanto desde aquella vez que vi a mi madre viendo el Exorcista, o a mi hermano viendo a mi sexagenaria tía en pelotas por casualidad. Peor aún, al acercarme a entregar unos papeles a su escritorio, dio un salto digno de un canguro australiano perseguido por una treintena de seductores marsupiales en plena época de apareamiento.

Rascándome la barbilla en la mejor pose de “traerse algo entre manos”, y apoyado por el “gran equipo de investigación” de este blog, decido plantearme la hipótesis de

GRIPE PORCINA = NADIE SE TE ACERCA.

Y en esta Lima capitalina, ajetreada y llenísima de gente, pensar en aquello es una innsensata utopía. Pero tendría que comprobarlo.

De inmediato me dirijo a la farmacia; espero mi turno viendo el mostrador, y me doy cuenta que hay tantas marcas de condones como de golosinas en el país.

- "Señora buenas, ¿tiene mascarillas…?"

- "Sí señor,… ¿no quiere contagiarse de la gripe esta, eh?"

- "Je je, no… más bien quiero disfrazarme de Optimus Prime…"

(NOTA MENTAL: Nunca le hagas una broma a una señora farmacéutica al mediodía, porque puede ponerte su mejor cara de culo muy ajena a nuestro refinado sentido del humor…)

De retorno a la oficina, con la mascarilla ya colocada en el rostro, procedo a experimentar la segunda parte de esta investigación. Al caminar en la calle, me mantengo siempre a una constante distancia de aproximadamente tres metros entre individuo y otro. Nadie quiere siquiera pasarme al lado, mucho menos respirar el mismo aire que el mío.

Es como caminar en la calle con un “campo antibalas” como el que tenia Megaman en aquella consola de Nintendo ochentero. En este caso, “campo antigente”, en el que tenías alejado a todos a unos prudentes (pero necesarios) metros.

Con un ojo entrecerrado y mucha malicia, pienso: “¿Y si al irme a casa, subo a una siempre repleta combi y como quien no quiere la cosa me mando una soberana tosida ?”

Ya sentado frente al monitor en mi oficina y acariciando mi mascarilla, concluyo que el miedo es un arma poderosa. Es más fácil manipular a los demás cuando les infundes miedo. Y en mi caso, esta supuesta gripe porcina es el equivalente al cuco en el closet para los niños… cuco que los padres pueden fácilmente pueden derrotar siempre y cuando el niño se tome toda su sopa o (en el peor de los casos para los infantes que fuimos alguna vez) terminemos las tareas del colegio, le hagamos caso siempre a los padres y “nos portemos bien”.

Pasaron los días y, luego de congestiones y un presupuesto adicional en rollos de papel higiénico, me siento como nuevo. Nunca sabré si tuve la bendita gripe aquella o no. Ni tengo interés alguno en saberlo tampoco.
Pero que sobreviví, lo hice.

De lo que sí estoy seguro es que, en tiempos de gripe porcina, de Tamiflú y frasquillos de alcohol en gel, la mascarilla es un sinónimo de miedo… Miedo nos hacen tener. Miedo tenemos, miedo tendremos, y con miedo moriremos..

“… que el Gobierno siga robando, que la Crisis siga en aumento, que los niños sigan muriendo, que la tuberculosis, dengue, VIH, siga matando gente a millones, que la pobreza nunca descienda ni un poquito, que estemos autodestruyendo el planeta… nunca, NUNCA va a dar tanto miedo como una gripe, no?”

Hay que ser realmente cerdo para hacernos obviar algunas cosas que importan realmente.
En verdad.

Y a todo esto,
¿Qué habrá hecho la rana René con Miss Piggy?
¿Estará infectada la chanchilla aquella?
(y si es así está jodido, porque los chanchitos no tienen codito, por ende, como se cubrirán el hociquito al toser?)
..
Me queda la duda...

martes, 23 de junio de 2009

INFANTILADAS



Paula y Mauricio son mis sobrinos adorados.

Y como tío ejemplar, este servidor se las dio de “nano” (leáse “nana” pero en machaso) para cuidarlos la otra noche. Son pocas las cosas que me diviertan tanto como el conversar con ellos.
Paula es toda la dulzura, tanta que me hace temblar:

*PAULA: Padrino, ¿porque yo no tengo barba como tú?
*PEPE: Porque tú eres mujercita y yo soy hombre… y sólo los hombres tenemos barba…bueno los hombres y una tía que ya se murió…
*PAULA: … y los hombres también tienen pelo largo?
*PEPE: Sólo los bonitos…
*PAULA: … pero tú también tienes el pelo largo padrino…
*PEPE: devuélveme el chicle que te di...

Y Mauricio con toda la inocencia en su manera más pura:

*PEPE: Mauricio, ya son las 10 de la noche y mira tú hermanita ya se durmió… ¿a qué hora te vas a dormir?
*MAURICIO: es… es que… es que no he rezado tío Pepito…
*PEPE: (uy nos jodimos…!) esteee... bueno vamos a rezar…
*MAURICIO: (arrodillado y manitas juntas mirándome, tratando de descubrir tal vez que no me he rezado ni el Ave María desde hace 15 años…)
*PEPE: a ver empieza tu…
*MAURICIO: ¿No sabes rezar tío? (riéndose)
*PEPE: Claro que sí, sólo quiero saber si tú te la sabes...
*MAURICIO: ah ya (y se mandó 45 minutos con medio catecismo…)
*PEPE: Listo.. vamos a dormir…
*MAURICIO: …cuéntame un cuento…

Hay cosas que uno no puede decir que No. Y más si te lo piden con esa cara de antílope antes de ser destripado por el león. Empiezo mis relatos, mientras Mauricio, muy atento, no me quita la mirada de encima.

Así, entre cuentito y cuentito exigido, hago una pausa.

Y de repente, se me vienen algunas interrogantes que desde niño aún me cuesta resolver…
  • ¿Porqué los cuentos para niños son purita crueldad?
    A Pulgarcito lo abandonan en el bosque, a Bambi, empezando nomas le matan a la madre, al Patito feo lo trauman en casi todo el relato como para ponerle 17 psicoanalistas que puedan evitar su suicidio…
  • Con el mundo como está, con tanto peligro por ahí, ¿Se le puede contar a un niño que a Caperucita la mando la madre solita con una canasta por el bosque sabiendo que en él habitaba cierto lobillo pedófilo con muchas ganas? (si se comió a la abuela, esas ganas ya debieron ser enfermizas) Y encima, la manda de rojo como para que la detecten a 3 kilometros…
  • Cuando contamos que a Pinocho se lo trago una ballena, y dentro de ella no se le ocurrió mejor idea que hacer una fogata para asfixiar al cetáceo… ¿Alguien piensa en el pobre animal con los pulmones hechos mierda y encima con quemaduras de 1er, 2do y 3er grado en la panzota? (se ve que el Greenpeace debe andar buscando a Pinocho para sacarle la entreputa).
  • ¿Si Gepetto hubiese sido herrero en vez de carpintero, Pinocho hubiese sido una suerte de Terminator antiguo? (esto no viene al caso pero también lo pensé).
  • ¿Cómo le cuento a mis sobrinos que Blanca Nieves vivía con siete hombres? Y al final, después de una convivencia en la que los enanos le tratan como una reina a la confianzuda damisela, esta les mete una patada en el culo para irse con el príncipe azul (que obvio no era enano, ni gruñon, ni dormilon, ni timido y menos tonto).
  • ¿Porqué estos enanos eran recontra pobres si desde que se despertaban estaban en la mina sacando oro y diamantes? (ya con eso, puedo creer mucho en una explotación laboral por parte de la bendita Blancanieves)
  • De Hansel & Gretel ni hablo (un par de niños perdidos en el bosque, secuestrados por una bruja que se los quería comer con zapatitos y todo, por eso los engordaba cual cerditos antes de Navidad). Ese trauma de la infancia no me lo he quitado pero ni con terapia de grupo, ni con hipnosis, ni fuertes (pero siempre necesarias, siempre) dosis de alcohol.
*MAURICIO: … tío, tío…
*PEPE: ah… que? Si verdad… bueno la cosa es que fueron felices para siempre.
*MAURICIO: ¿Quiénes?
*PEPE: uhmm …nosotros cuando nos vayamos a dormir…hasta mañana.

Ya, al día siguiente, paseando por el centro comercial, se nos cruza un muñeco de “Piolín”, que con todo el “cariño” del mundo estira su mano para saludar a mis sobrinos (y el muy cretino pajarraco con la otra ofrecía dulces EN VENTA). Mauricio lo mira de reojo mientras se esconde tras de mí.

Es obvio.

De niño vemos la TV. Vemos a los personajes de las caricaturas y las imaginamos de tamaño estándar; es decir, al canario aquel ¿de que tamaño? de un canario, obvio. Pero caminas en la calle y se aparece esta masa amarilla de metro ochenta, cabezón, deforme, y fingiendo una vocecita de abuelita en pleno enema… te traumas pues! Más que obvio. Hasta a mi me aterrorizó un instante el monstruo aquel.

Paula, un poco más grande que su hermanito, entiende un poco mejor las cosas.

*PAULA: Mauricio se ha asustado porque lo ha visto grandote a Piolín…
*PEPE: si Paulita… (Carajo, si así es Piolín, como será el gato, no?)

Hacer feliz a un niño puede ser muy simple a veces. Y me doy cuenta, al estar con este par de criaturas, que las pequeñas cosas que les puedo ofrecer les hace tanto bien: el estar con ellos, el compartir sus cosas, el escucharlos, el ser niño como ellos…

La felicidad es cosa complicada para nosotros los adultos.
La felicidad es casi una utopía en estos tiempos de tanto atolondre mundial…

Pero, el estar con ellos, se le parece tanto!

martes, 2 de junio de 2009

Congelada Indiferencia


“La indiferencia es como el fuego, no porque arrasase con todo, sino por el vacío que deja.”
Nunca había visto morir a un niño.

Ayer lo hice. Frente a mí, aquel niño de poco más de dos años, convulsionaba por última vez para dar desorientados respiros que pondrían fin a su vida. Había estado agonizando durante horas, antes de que pudiese verlo, desesperado,

Llantos de madre, rabia de padre.

Silencio en mí.

Silencio en mi habitación mientras dejaba sobre la mesa la aún caliente taza de café. Culpa. Ojos al piso buscando esconder vergonzosas miradas bajo la cama.

- “¿Qué hago sin mijito ahora señor?", gritaba el padre entre sollozos frente a mí.

Tragar saliva repetidas veces fue un incesante: “No lo sé”.

- “¿Porqué señor…?”, lloró la madre.

Tampoco lo sé.


Después de aquella escena, apago el televisor , para volverlo a encender a los pocos minutos.
Ya eran casi las doce de la noche y escucho que son ya 140 los niños muertos por el frío al Sur del País. 140 niños muertos en iguales o peores circunstancias de la presenciada. Personas humildes con hijos en brazos, que tienen que caminar a la intemperie para llegar a la posta de salud más próxima. Peruanos olvidados, cuyos hijos presos de una fatal neumonía no pueden ser atendidos como es debido por falta de medicinas o de personal especializado. Niños agonizantes ante la indiferencia total de los aprendices de gobernantes que solemos tener…

¿Por qué en un país donde se le da exagerada importancia a gripes ajenas, donde tanto los medios de comunicación como los gobiernos de turno le dedican el “total empeño” para combatir algo que ni está entre nosotros, es tan fácil abrir ventanas a unos y cerrarles la puerta a otros…?

¿Por qué…?

¿Por qué están lejos y obviamente lo que no pase en Lima, no importa?

¿Por qué a los pobres se les debe olvidar, hacer un lado y dejar que se las arreglen como puedan? Total, “corazón que no ve…”

¿Por qué estos niños nacieron, crecen y morirán siendo de blanco y negro en un país que nuestros políticos nos pintan tecnicolor?

¿Por qué se les puede dar toda la atención y privilegios por parte de la prensa y Gobierno a media docena de adolescentes, muy pudientes y aristocráticos, que posiblemente hayan adquirido la bendita gripe luego de sus vacaciones en Punta Cana… mientras que en el más oscuro de los olvidos, decenas de niños agonizan y mueren diariamente apuñalados con nuestra más indiferente mirada?

¿Es tan complicado para el Gobierno, conseguir y haber enviado unas cuantas cajas de Amocixilina, Paracetamol o Dexametasona al sur de país para evitar semejantes pérdidas de inocentes niños; y fue tan fácil haber abastecido de ridículas mascarillas y pabellones sin sentido en nuestra siempre preocupada y paranoica Lima Metropolitana?

¿Da más rating televisivo peleas entre vedettes, la fiesta de la corrupta hija de nuestro triste ex presidente o madres paranoicas sacando a sus hijos de las escuelas más privadas, que insignificantes 140 niños muertos de un friecito de casi 20 grados bajo 0?

¿Se puede tener, sr. ministro de salud, (sí con minúsculas) sangre en la cara para afirmar, luego de sabida la noticia, que “nuestro índice de mortalidad infantil ha bajado considerablemente y porque se trabajó arduamente en ello”?

Al presidente, políticos y gobernantes se les debe recordar diariamente que esta gente es Nuestra Gente. Que el Perú somos todos, no sólo ustedes.

Que en sus campañas políticas, donde bailotean y comen sus platos típicos, son ellos quienes los eligen bajo sus promesas de un futuro prometedor. Que ellos no quieren lujos, ni yates ni casas frente al mar: ellos quieren eso que a ustedes se les hace indiferente: calidad de vida.

Simple Agua.
Simple Alimento.
Simple Salud.

Todo este país es Nuestra Casa. Y lo que ocurra en Nuestra Casa, nos debe afectar a todos.

Ayudemos todos con lo que podamos: frazadas, medicinas, alimentos.
Es casi nuestra obligación.
Ya hay campañas donde poder hacerlo.
Mientras tanto esperemos sentados que aquellos que se dicen “Padres de la Patria” intenten siquiera responder tantas interrogantes y a la vez, por el amor de Dios, dejen al menos por un instante, de ser tan hijos de puta.

sábado, 11 de abril de 2009

Carta al Carpintero

Querido Carpintero:

Hace una semana supe que cumpliste años: 97 para ser exactos.

¡Qué ganas de vivir que tienes, en verdad! Siempre he de admirar eso en ti.

Desde niño, veía las ganas que le ponías a las cosas; esa fuerza mezclada con tu particular ternura para dejar por terminado todo lo que empezabas.

¿Recuerdas cuando construiste mi primera cama? Sí, aquella que aún conservo en Lima, con sus bordes torneados y aquel celeste con en el que se ocurrió pintarlo. Pudiste haberla barnizado solamente pero, siempre fuiste así de original con todo. Como los juguetes que inventabas para regalárnoslos a mi hermano y a mí.

En aquel mundo de fantasía (que confieso, aún conservo gracias a ti, querido carpintero) eras una suerte de Gepetto tratando de moldear Pinochos sin descanso. Sí, lo sé, te encantaba vernos sonreír, te encantaba que fuésemos siempre niños.

¿Recuerdas aquellas tardes cuando en tus momentos de descanso nos hacías aprender esas pintorescas poesías, las cuales recitábamos para hacer reír a nuestros padres? Cuántos recuerdos de aquellas épocas realmente, cuando las tristezas brillaban por sus ausencias y nos ahogábamos en eternos mares de despreocupación.

Aún recuerdo la primera vez que vi aquella mitad de dedo que perdiste trabajando con una sierra eléctrica. Te confieso ahora: me asustó. Creo que en fondo tú lo sabías, por eso nos hacías con tu mano el jueguito aquel del elefante caminando. Hasta en mi inocencia llegué a envidiar ese pedazo de extremidad faltante, para poder hacer yo el mismo ademán.

¿Y recuerdas que durante buen tiempo no podía pronunciar muy bien tu nombre? Claro, sé que fui muy torpe para eso de aprender a hablar hasta años después. “Tosé” te decía, ¿te acuerdas? Por supuesto que te acuerdas, pues hasta ahora te quedaste con el apelativo de “Tosesito”.

Siempre pensé que ese ojo el cual tenías medio caído era lo que hacía de tu rostro tan confiable a los demás. Como un pequeño guiñe de complicidad, como una muestra de afecto a todos. Sí, a todos, si en el barrio no había nadie que no te quisiera tanto. Y más aún, a pesar de que eras de poco hablar, un par de palabras tuyas y un gesto, bastaban como para te entregáramos sonrisas gratuitamente. Si cuando cumpliste 80 años, aquella modesta fiestecita se transformó en una casa abarrotada de gente sólo para saludarte y compartir contigo. Lo recuerdo bien.

¿Recuerdas la vez que, para ese campeonato de “fulbito” no pudimos conseguir arcos y construiste unos? Me dijiste:”No te preocupes, yo construyo unos de madera…”. Y en 20 minutos los tenías listos de la manera más improvisada y apurada. Que increíble de verdad. ¡Y recuerdas que al primer disparo al arco se partieron en pedazos? Te miré sorprendido y todos en silencio. Me miraste fijamente ¿te acuerdas?, para después soltar una carcajada que contagió a todos los allí presentes. Te escribo esto y no puedo dejar de reírme recordando aquello.

Y es que siempre fuiste así: te podías reír hasta de ti mismo de la manera más inconsciente e irreverente; creo que eso lo aprendí de ti también. Por eso prefiero tomarme las cosas con gracia ahora, así sea el más absurdo de los protagonistas.

Un día me contaste como conociste a aquella negra linda de la cual te enamoraste. Si fue hace mucho tiempo, lo sé. Y te casaste al fin con ella y tuviste dos hijos. Y me contaste también como ella murió cuando el mayor de ellos tenía apenas 4 años. Sé lo que habrás sufrido, más esa parte jamás me la contaste. Jamás te volviste a enamorar, mucho menos casarte. Al menos nadie te conoció otra mujer en la vida.

Te enamoraste una vez, y sólo una.

Y en el fondo sé que cuando ella murió debiste decirle un “espérame” al oído.

Pasó el tiempo y te fuiste lejos. Viajaste al norte y allá te quedaste en casa de tu hijo menor. Sé que sólo te visitaba cuando viajaba a esa ciudad: pero créeme, te extrañaba tanto. Tus juguetes, tus roperos; mis corridas a la salida de la escuela para que me ayudases a fabricar esas maquetas, tus camotes asados que nos convidabas en la tarde, tus historias, tus sonrisas de siempre.

Cumpliste 97 años. Yo hasta ahora no lo puedo creer.

¿Recuerdas que antes de venir a vivir a este país, viaje aquellas 12 horas sólo para visitarte?
Allí te vi, te abracé y vimos fútbol en la TV. Claro que sabes que no me gusta verlo, pero igual no podía dejar de sonreír cuando te sabías el nombre de cada uno de los jugadores. Ya no tenías los mismos movimientos, más si el mismo gesto tierno en tu rostro, a pesar del Parkinson.
Pasé solo unas horas contigo, lo sé.

¿Recuerdas lo que te dije cuando me iba con esos ojos enrojecidos que sabíamos bien disimular? A lo mejor no lo recuerdas, por eso te lo repito (y te lo repetiría eternamente):
“Te prometo que volveré a verte”.

Fuiste el mejor carpintero del mundo.

Fuiste la persona que serruchó cada tristeza en mi cara con cosas tan simples, para convertirlas en esperanza. La que barnizó tantos instantes en mi vida, para hacerla brillante, única y duradera. Fuiste quién torneo esa cabeza de madera que siempre fui, para que siga intentando cada día ser articuladamente mejor.

Fuiste (y eres) el mejor abuelo del mundo.

Recuerda, Te prometo que volveré a verte.

Tu nieto que te adora y agradecerá eternamente...

Pepe.



viernes, 27 de marzo de 2009

SSSSSSSUPERmercado.


En algún momento de Nuestras Vidas, hemos tenido la necesidad de hacer algún trámite, de donar sangre a cierto familiar que la requiera, de aprender algún cursillo de computación o de pedirle el catálogo de lencería a la tía más cercana. Todos tenemos necesidades en particular. Pero si hay algo en la cual todos somos inmersos, ya como un ritual casi imperceptible, es ir de compras al Supermercado.

Ir al Supermercado puede ser una aventura fascinante. No cualquiera puede salir ileso y mentalmente saludable ante aquella travesía. Es cuestión de Valientes tan sólo.

Suelo ir al mismo supermercado. No es que sea más barato, ni que me quede cerca, ni mucho menos. Es meramente costumbre. ¿Por qué? Ni idea, mis estimados. Debe haber algo subliminal en aquel acto que aún no percibo con detenimiento. Como una canción de Beatles al revés que me hace ir una y otra vez al mismo lugar.

Quise hacer un experimento hace unos días, y así analizar a detalle el porqué se me complica tanto la existencia en una situación para algunos tan poco complicada.

PRODUCTOS POR ADQUIRIR:
-1 Kilo de Arroz
-2 paquetes de Azúcar
-1 Kilo de Papas.
-Limones (los que en el momento se me ocurran)
-Desodorante, Jabón y Pasta dental.
-1/2 docena de huevos.

Nada podía ser tan difícil. Menos de una decena de cosillas, las escoges, pagas y te largas. Así de simple es la cuestión… así de ilusas siempre son mis creencias.

PRIMER OBSTÁCULO: Si no tienes una monedita de un peso, (cosa casi utópica en esta ciudad donde las monedas son tan abundantes como los policías cuidándote las espaldas en la calle) no podrás guardar tu bolso en los casilleros. Así que no me queda otra que acercarme al Guardia de seguridad que está en la puerta, y éste me deposita mis pertenencias en una bolsota donde tranquilamente entra una TV plasma, una impresora multifunción y doce kilos del mejor mondongo de la ciudad.

(Los que llevamos siempre consigo el maquillaje usamos bolso… ooook?”!)

Luego de aquella primera fase ya resuelta, listita en mano, suelo organizarme para hacer mi recorrido. Lo primero que tengo a la mano son los productos de aseo personal.

Lamentablemente, me percato, que está justo en los mismos módulos de tintes, cremas y demás menjunjes con que se embadurnan ese montón de viejecillas que tengo al frente. Pienso que sería un buen invento las bocinas en los carritos de compra, ya que por mas “permiso…”, “disculpe…”, estas señoras no tienen la más mínima intención de hacerte caso. Así que haciéndome el loco y mirando de reojo productos que jamás compraré, espero que las viejujas escojan entre el rubio cenizo y el ocre diarrea.

Optó por hacer un giro de 180° y evitarme el disgusto. Desodorante, jabones y pasta dental al carrito y se acabó la historia. Al dirigirme a la sección de frutas y verduras, paso por los estantes de ropa. Me detengo a ver unos pantalones. Al girar la cabeza a la derecha, veo a una señora muy chiquita ella, con gorrita y lentes oscuros, como un pequeño soldadito. Tiene unos calzoncillos en la mano y me mira detenidamente. Como mi señora madre hizo que me graduara de hijo con honores y menciones honrosas, adivino las intenciones de tal vez “puedo medirlos contigo a ver si le quedan a mi Juanito”, y como un Señor de mi porte y elegancia no se prestaría a semejante humillación, pongo turbo al carruaje y salgo disparado de aquella zona.

SEGUNDO OBSTÁCULO: Intento de amabilidad en sección de Verduras.
Cada persona tiene sus propias mañas o trucos al escoger las verduras, frutas, carnes y películas porno. Tienes tus propias tácticas para saber si está buena o no. Eso yo lo sé. Eso me enseñaron. Lo mismo debe haber pensado la señora parada detrás de mí, quien con una vocecilla que apenas puedo distinguir, me pide por favor si le puedo alcanzar aquellos limones colocados donde su brazo no puede llegar. Volteo y casi dando un brinco, me siento Frodo en su primer encuentro con Gollum. Obvio que asiento con la cabeza (temeroso aún) y estiro mi brazo para escoger los mejores del montón.

- ¿Estos le parece?, le pregunto
- No… no… esos que están más arriba, me responde.
- ¿Los verdes?, dudo
- ¡esoooos…!, afirma

Vuelvo a estirar el brazo y llego a tomar dos. Me pide (sin perder la amabilidad) si pueden ser esos dos que están más, más, más arriba. Esta señora debe pensar que soy el Hombre Chicle, porque en un ademán pocas veces visto, logro casi capturar aquellos verdes limones, mientras otros cinco caían al piso.

- ¿Cómo que están verdes no?, pregunta
- Si pues.

Al fin, escoge ella misma seis limones que se encuentran en la parte más baja y uno de los que torpemente boté al piso. Prometo mentalmente no ayudar nunca más a ninguna señora de por medio.

- Gracias hijito
- De nada… CUANDO QUIERA. ...(ay!)

Volteo y pienso si debo comprar lechugas. Pero recuerdo que en casa tengo alguna en la heladera. Tengo la maldita costumbre de subir los pies al carrito y deslizarme cual patinador sobre hielo por entre los mostradores. Hago ese estúpido ademán en dirección a las papas. Sin darme cuenta, choco con la esquina del mostrador y a mi lado, nuevamente, la Señora de los Anillos me sonríe en forma cómplice. Mucho antes de que por casualidad me pidiese escoger los mejores tubérculos de la estación, me detengo en la acelga (que nunca comeré), pero hacer pensar que sí ayudaría bien a disimular mis pocas ganas de ser amable.

- … es tan rica la acelga no?, me pregunta aquella
- Pero por supuesto, le respondo con fachas de cocinero gourmet

Después de pasar por la balanza, casi corriendo, escojo un paquete de huevos y contento, me doy cuenta que sólo me faltan dos cositas y terminado el asunto. Mientras llego a los estantes de arroz, un niñito sentado al borde del carrito, esperando que su buena mamá termine sus compras, me sonrie y me estira su manito. Le estiro la mía para que no sólo recoja la suya, sino estalle en llanto con unos alaridos dignos de un chimpancé enojado. La madre debe haber sospechado que en un descuido intenté torturar a su retoño, por la mirada que me lanzó, a lo que haciendo gala de mis dotes de manejador de situaciones, simplemente me largué del lugar, para casi atropellar a otro niño caminando. Repito en mi cabeza que “tal vez este día a Herodes se le ocurrió reencarnarse en este humilde peruano”.

Pasado el incidente, ya con muchas ganas de irme, bolsa de arroz y de azúcar al carrito para oir a una señora muy enojada a mi lado exclamando:

- ¡Qué caro están los precios Dios Mío!

Terminado esta frase hace su aparición la señora de los limones caídos para refutarle:

- Pero si más bien aquí los precios están más baratos me parece…
- ¿Más baratos?, pero si ya no alcanza la plata para nada- le dice la primera señora – la culpa la tienen esos del campo…
- No, a mi me parece que la culpa la tiene La Cristina..., responde la segunda (con respeto, pongámosle el apelativo de “Gollum” sólo para no confundir).

Y como a mí, estás discusiones me tienen hasta los huesos, así despacito, huyo para no verme comprometido en alguna interrogante que me vayan a otorgar. Casi de forma ilusa, voy a la caja pensando que allí se acaba todo, sabiendo en el fondo que es allí, donde viene lo difícil. Donde tendré que enfrentarme al monstruo final. Donde tendré que entrar en las tierras de Mordor y destruir el anillo (y de pasada, darle un empujón a Gollum para que se queme en sus océanos de fuego).

Es en esta parte del experimento donde las hipótesis se convierten en los Grandes Misterios sin resolver:

1) Si la caja dice “MAXIMO 10 ARTÍCULOS”, ¿es simple ganas de joder aparecerse allí con setecientas?

2) Si sabemos que cada papa, limón o cebolla NO tiene código de barras, ¿es simple OLVIDO no pesarlas antes?

3) Si hay un cartelote de “ESTA CAJA NO ADMITE TARJETAS”, ¿es hacerte perder el tiempo cuando aquella señora EXIGE pagar con cualquiera de sus 8 tarjetas de crédito?

4) Si en este mundo cada vez más acelerado (y cuando algunos sólo queremos llegar a casa para comer) ¿es parte del protocolo que la cajera se ponga a conversar con la amiga de la salida con el novio la noche anterior?

5) Si después de esperar tres cuartos de hora en la fila, la misma cajera te dice que pase a la siguiente caja porque esa acaba de cerrar: ¿está escrito en el Código Penal absolverme del delito si la mato a limonasos en la cabeza?

6) Si existe “CAJAS CON PRIORIDAD PARA MUJERES EMBARAZADAS”, “CAJAS PARA MAXIMO 10 Y 15 ARTICULOS”, “CAJA PARA TARJETAS DE CRÉDITO”,… ¿no debería existir a su vez “CAJAS PARA SEÑORAS CON GANAS DE CONVERTIRTE EL DÍA EN UNA CAGADA DE AQUELLAS”?

7) Si la verdad, NO te da la gana de donar tus 5 centavitos para aquella Fundación que recién te enteras que existe… ¿es dable que te observen como un ser malvado y un insensato cruel ser humano?

Pago, me doy cuenta que para estas ocho cositas tengo ocho bolsitas (total es gratis, no hay problema, así lleno mi casa de bolsas) y miro mi reloj…

FIN DEL EXPERIMENTO; TIEMPO TRANSCURRIDO: 1 hora con 12 minutos.
Ya con poca hambre, camino a casa, pienso en cada situación casi absurda que pase este día… en como algo cotidiano puede ser una experiencia tan demencial, tan desesperante e irracional. Pienso en que menos mal que salí de allí, pienso en…

-Uy chucha! me olvidé del aceite y el café.

Tendré que regresar mañana.
(¿¿¿Lo estaré haciendo a propósito???)

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